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Una de las novedades más relevantes de estos comicios es la elevada movilización de los ciudadanos árabes de Israel. Su participación habría alcanzado el 80%, por encima del 77,7% registrado en el conjunto del país. El dato sectorial todavía debe distinguirse de las cifras oficiales definitivas, pero muestra la magnitud de esta movilización.
Las proyecciones del escrutinio parcial situaban a los partidos árabes (la Lista Conjunta y Ra’am) en un total de 19 escaños, frente a 53 para el bloque de Netanyahu y 48 para las fuerzas encabezadas por Gadi Eisenkot. Ninguno de los dos grandes bloques alcanzaría por sí solo los 61 necesarios para una mayoría parlamentaria.
De mantenerse ese reparto, las fuerzas opositoras y los partidos árabes sumarían aritméticamente 67 legisladores. Sin embargo, esa suma no constituye todavía una alianza: para convertirla en una alternativa de gobierno tendrían que superar diferencias políticas y acordar las condiciones de una eventual cooperación.
El peso del voto árabe plantea así dos cuestiones distintas: cuánto modificará la composición final de la Knéset y hasta qué punto su representación podrá traducirse en influencia sobre el próximo gobierno.
El presidente estadounidense Donald Trump interpretó el desempeño provisional de Netanyahu como una muestra de la influencia de su apoyo durante la campaña. En declaraciones a periodistas, sostuvo que su respaldo había ayudado al primer ministro y señaló que, según la información que recibía, estaba obteniendo un buen resultado.
En Truth Social también difundió un mensaje que vinculaba su respaldo con una recuperación electoral de Netanyahu, desde una posible derrota hacia un empate o incluso una victoria. Se trata de la interpretación política de Trump: los resultados disponibles no permiten establecer por sí solos cuánto influyó su intervención en la decisión de los votantes.
Su reacción expresa la continuidad de su apoyo al dirigente israelí, aunque la permanencia de Netanyahu en el poder dependerá del escrutinio definitivo y de las negociaciones parlamentarias.

Desde Bruselas, la Unión Europea expresó su disposición a trabajar con el gobierno que surja del proceso electoral. El portavoz de la Comisión Europea, Anouar El Anouni, felicitó a la población israelí y destacó la elevada participación como expresión de su vitalidad democrática.
El portavoz señaló que la relación con el próximo gobierno se apoyará en los principios democráticos y los valores compartidos. También manifestó la intención de mantener un diálogo abierto sobre cooperación bilateral, asuntos de preocupación y estabilidad, seguridad y paz regionales. Sus declaraciones no adelantaron una preferencia por alguno de los candidatos.
Con el reparto provisional, Netanyahu necesitaría ampliar sus apoyos más allá de sus aliados actuales. Eisenkot, por su parte, tendría que explorar acuerdos que superen a su propio bloque; en ese camino, los partidos árabes podrían resultar determinantes.
Otra posibilidad sería un acuerdo más amplio entre fuerzas de distintos bloques, aunque por ahora debe entenderse como un escenario de negociación y no como un pacto anunciado.
Si los intentos previstos para formar gobierno fracasan, Israel podría regresar a las urnas. Mientras tanto, el gabinete saliente permanecería en funciones. Ese riesgo explica el llamado de Herzog a que las fuerzas políticas acudan a las consultas con disposición al diálogo.
