Arvit: 19:15
Shajarit: 9:00
Minja: 18:15
En el judaísmo existe un período especial al comienzo del año hebreo llamado los Diez Días de Arrepentimiento. Comienza en Rosh Hashaná y termina en Yom Kipur. Es un tiempo de reflexión personal, corrección, perdón y renovación. La persona judía no solo pide un buen año en lo material, sino que se detiene y se pregunta:
¿Qué tipo de persona fui este año y qué tipo de persona quiero ser el próximo?
En Rosh Hashaná comenzamos un nuevo año, así como en muchas partes del mundo se acostumbra iniciar el año en enero. ¿Por qué se eligió este día? Según la tradición judía, el ser humano fue creado en el sexto día de la creación. Con la aparición del ser humano, el mundo alcanzó su propósito: que hubiera alguien capaz de reconocer al Creador y descubrir que el mundo tiene un sentido y una dirección. Por eso, Rosh Hashaná puede entenderse, de manera sencilla, como el cumpleaños de la humanidad.
Además, desde el momento en que existe una persona capaz de reconocer al Creador, también puede decirse que este es el día en que Dios es reconocido como Rey del mundo. Algo parecido ocurre cuando una pareja tiene a su primer hijo: ese día comienza la vida del niño, pero también comienza una nueva identidad para sus padres. De una pareja pasan a ser padres. Así también, con la llegada del ser humano al mundo, comienza una relación especial entre la humanidad y Dios.

Por eso, cada año, en el “cumpleaños” de la humanidad, Dios juzga al mundo y considera cómo debe continuar su existencia. Al mismo tiempo, las personas proclaman la soberanía de Dios y expresan: Tú eres el Rey y nosotros somos tus servidores. Por eso se pide vida y continuidad para un año más, con el deseo de construir un mundo mejor según el camino del Rey del mundo.
Este día está acompañado por un mandamiento especial: escuchar el sonido del shofar. El shofar cumple dos funciones simbólicas. Por un lado, su sonido recuerda la proclamación y coronación de un rey. Por otro lado, evoca el antiguo pacto relacionado con Abraham, Isaac y Dios en el relato de la Akedá. Por eso, Rosh Hashaná combina alegría y juicio al mismo tiempo.
El shofar es un cuerno de carnero que se toca en la sinagoga mediante una serie de sonidos especiales.
No es “música” en el sentido común de la palabra. Su sonido busca despertar a la persona: salir de la rutina, pensar en el año que pasó, corregir lo que debe corregirse y comenzar una nueva etapa.
En las comidas festivas de la noche se acostumbra comer alimentos que simbolizan buenos deseos para el año nuevo. La idea es que, a través de estos símbolos, pensemos en lo que realmente queremos pedir y construir durante el año. Por ejemplo, se come manzana con miel y se desea un año bueno y dulce. También se acostumbra comer cabeza de pescado y decir: “Que seamos cabeza y no cola”, es decir, que sea un año de avance, liderazgo y éxito. Se come granada y se pide que nuestros méritos sean numerosos como sus semillas. También se come zanahoria y se pide que Dios aleje de nosotros decretos difíciles. Existen muchas otras costumbres semejantes.

La conexión entre Rosh Hashaná y Yom Kipur
Entre ambas festividades hay diez días. La tradición judía los entiende como un proceso: Rosh Hashaná invita a la reflexión; los días siguientes llaman a la corrección; y Yom Kipur representa el punto culminante del perdón y la expiación.
En Rosh Hashaná la persona se pregunta: “¿Cómo fue mi año?”. En los días posteriores intenta mejorar sus relaciones con otras personas y con Dios.
En Yom Kipur llega el momento central: un día dedicado al perdón, la responsabilidad y la renovación espiritual.
Yom Kipur: el día del perdón
Yom Kipur es el día más sagrado del calendario judío.
Es un día en el que la persona se aparta, en gran medida, de la vida cotidiana para concentrarse en sí misma, en sus actos y en su relación con Dios y con los demás.
Es un día de ayuno: durante aproximadamente 25 horas no se come ni se bebe. Además, se observan otras limitaciones que ayudan a crear una atmósfera de separación de los placeres físicos y de concentración en lo espiritual.
Sin embargo, el ayuno no es el objetivo principal. El objetivo es la teshuvá.
¿Qué significa teshuvá?
La palabra hebrea teshuvá está relacionada con la idea de “volver”. Significa que una persona puede equivocarse, alejarse, lastimar o actuar de manera incorrecta, pero también puede regresar a un camino mejor.
En el judaísmo no se considera que una persona quede atrapada para siempre por sus errores. Siempre existe la posibilidad de cambiar.

El proceso de teshuvá suele incluir varios pasos:
Perdón ante Dios y perdón entre personas
Hay un principio muy importante en el judaísmo: si una persona dañó o hirió a otra, no basta con pedir perdón a Dios.
Por ejemplo, si alguien insultó a un amigo, debe pedir perdón a ese amigo. Si le causó un daño, debe esforzarse por repararlo.
En otras palabras, Yom Kipur no “borra” automáticamente todo lo que una persona hizo. Exige asumir responsabilidad.
¿Qué ocurre en la sinagoga?
Durante estos días, las sinagogas se llenan de oraciones especiales. En ellas se habla de Dios como Rey del mundo, del sentido de la vida, de los errores cometidos, del perdón, de la misericordia, del deseo de cambiar y de la esperanza de un año bueno.
En Yom Kipur las oraciones son especialmente largas. Una de las más conocidas es Kol Nidrei, que se recita al comienzo del día. Al final de Yom Kipur se dice una oración llamada Neilá, que marca el cierre de la jornada.

Al concluir, se toca el shofar. Ese sonido simboliza el final de Yom Kipur y el comienzo de una nueva etapa.
La idea central de estas festividades
Todo este período puede resumirse en una frase:
La persona no puede cambiar lo que ya ocurrió, pero sí puede asumir responsabilidad por lo que viene.
Rosh Hashaná dice: detente y mira tu vida.
Los Diez Días de Arrepentimiento dicen: intenta corregir.
Yom Kipur dice: pide perdón, perdona a los demás y comprométete a ser una mejor persona.
Entonces comienza una nueva etapa.
Por eso, el saludo “Shaná Tová” —“buen año”— no es solo un deseo de salud, dinero o éxito. También expresa una aspiración más profunda: que sea un año en el que podamos ser mejores personas, mejorar nuestras relaciones con los demás y vivir con más paz, bendición y significado.