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Israel recuerda a Itzjak Rabin

Su trayectoria y asesinato, y una advertencia contra la violencia política

Durante la conmemoración por los 31 años del asesinato del primer ministro, el presidente Isaac Herzog condenó las amenazas contra dirigentes políticos y los llamados a liberar al responsable del crimen.

Israel conmemoró este 12 de Jeshván (víspera del 23 de octubre de 2026) el 31.º aniversario del asesinato de Itzjak Rabin, con ceremonias estatales en Jerusalén. En la Residencia Presidencial, Isaac Herzog recordó al primer ministro y expresó su preocupación por la persistencia de amenazas contra representantes públicos, así como por los llamados a liberar a su asesino, Yigal Amir. La jornada incluyó también una ceremonia en memoria de Itzjak y Lea Rabin en Monte Herzl.

Durante su intervención en la Residencia Presidencial, Herzog denunció que, tres décadas después del crimen, continúan apareciendo amenazas de muerte contra primeros ministros, ministros, legisladores y dirigentes políticos. El mandatario sostuvo que la violencia política es incompatible con la vida democrática.

También relató que, al circular por la carretera entre Tel Aviv y Jerusalén, vio un anuncio que pedía la liberación de Amir. Advirtió sobre el peligro de recibir semejantes mensajes con indiferencia y afirmó que el asesino debe permanecer en prisión el resto de su vida.

La conmemoración recuperó así una pregunta fundamental: quién fue Rabin y por qué un extremista israelí decidió asesinar al jefe de su propio gobierno.

Nacido en Jerusalén en 1922, Rabin tuvo una extensa trayectoria militar antes de incorporarse a la política. Fue jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel y, posteriormente, embajador en Estados Unidos. Ocupó el cargo de primer ministro en dos periodos: de 1974 a 1977 y de 1992 hasta su asesinato, en 1995. Fue el primer jefe de gobierno israelí nacido en el territorio que después integraría el Estado de Israel.

Su segundo mandato quedó marcado por la búsqueda de una salida negociada al conflicto con los palestinos. Bajo su gobierno se impulsaron los Acuerdos de Oslo, cuyo primer documento fue firmado en Washington el 13 de septiembre de 1993. El apretón de manos entre Rabin y Yasser Arafat, ante el presidente estadounidense Bill Clinton, se convirtió en una de las imágenes emblemáticas de aquel acercamiento.

El proceso abrió el camino al autogobierno palestino y a nuevas negociaciones. En 1994, Rabin recibió el Premio Nobel de la Paz junto con Shimon Peres y Arafat. Ese mismo año, Israel y Jordania firmaron un tratado de paz, otro de los principales logros diplomáticos de su gobierno.

Sin embargo, aquellos avances convivieron con atentados terroristas, temor por la seguridad y profundas divisiones dentro de Israel. Los acuerdos despertaron una fuerte oposición, especialmente entre sectores que rechazaban las concesiones territoriales y desconfiaban de la dirigencia palestina. En las protestas también surgieron expresiones de incitación contra Rabin.

Yigal Amir, un extremista judío israelí, llevó ese rechazo al asesinato. Se oponía al proceso de paz y consideraba que Rabin había traicionado al pueblo judío al negociar con los palestinos. Su objetivo era detener el rumbo político que encabezaba el primer ministro. Esa convicción motivó el crimen, pero nunca lo justificó.

La noche del 4 de noviembre de 1995, Rabin participó en una multitudinaria manifestación en Tel Aviv bajo la consigna “Sí a la paz, no a la violencia”. Al concluir el acto, cuando se dirigía a su automóvil, Amir le disparó. Rabin murió posteriormente en el hospital. La plaza donde se realizó la concentración fue rebautizada con su nombre. (rabincenter.org.il)

Su asesinato interrumpió el mandato de un dirigente que había pasado de conducir operaciones militares a encabezar negociaciones con antiguos adversarios. También dejó una herida en la democracia israelí: un extremista había intentado imponer mediante las armas lo que debía resolverse por las vías políticas.

Treinta y un años después, las advertencias de Herzog dieron a la ceremonia un sentido de actualidad. Recordar a Rabin supone conocer su trayectoria, comprender las circunstancias de su muerte y sostener un límite indispensable para cualquier sociedad: ninguna diferencia política concede el derecho de arrebatar una vida.

Foto: @fmjai

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