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Un encuentro en el Centro Comunitario Ramat Shalom, organizado el pasado 6 de octubre por el Comité Cultural de La Kehile, reunió la historia de la inmigración judía en América con una experiencia de recuperación cultural que permitió a un hijo leer, a los 88 años, las memorias escritas por su padre.
Detrás de cada historia de inmigración hay algo más que un viaje: una familia que dejó su hogar, un idioma que acompañó la partida y una nueva vida construida entre la incertidumbre y la esperanza. Esa dimensión humana dio sentido al encuentro dedicado a “Inmigración judía en América: historia y legado”, con la participación del médico, escritor e investigador argentino Guillermo Blugerman, autor de seis libros fundamentales sobre la historia de la inmigración judía en América.
La actividad acercó a la comunidad al trabajo de un investigador cuya propia historia familiar está vinculada con las colonias judías de Argentina. Descendiente de colonos que emigraron del Imperio ruso en 1894 a través de la Jewish Colonization Association (JCA), Blugerman ha dedicado parte de su trayectoria a recuperar documentos y testimonios que permiten comprender cómo aquellas familias echaron raíces sin abandonar su identidad.
Nacido en Corrientes en 1957, combina su profesión de médico cirujano con la investigación histórica. Es director del Área de Genealogía Judía en Argentina de la Fundación IWO Buenos Aires y ha participado como disertante en congresos de genealogía en Argentina, Estados Unidos y Brasil. Su labor conecta la búsqueda documental con una pregunta que atraviesa generaciones: ¿cómo conservar las experiencias de quienes nos precedieron cuando sus voces comienzan a quedar fuera de nuestro alcance?
Una de las historias más significativas de ese trabajo es la recuperación de Memorias sobre Santa Isabel, de David Gorskin. Escrita en idish en 1948 y publicada en 1951, la obra reconstruye, en primera persona, los primeros cuarenta años de una colonia judía cercana a Concordia, en la provincia argentina de Entre Ríos.
Gorskin llegó a Santa Isabel en 1908 y dejó registro de la vida cotidiana, los esfuerzos y las dificultades de las familias que comenzaron allí una nueva existencia. Sus páginas conservaron una memoria que, durante décadas, permaneció inaccesible para muchos de sus propios descendientes.
El proyecto de traducción nació en 2022, durante una visita de Blugerman al Museo Judío de Entre Ríos. Adolfo “Nito” Gorskin, entonces director del museo e hijo del autor, le mostró un ejemplar y le contó que nunca había podido leerlo porque no comprendía el idioma en el que su padre lo había escrito.
Blugerman asumió el compromiso de buscar una solución. Después de varios años, encontró en la inteligencia artificial una herramienta para iniciar la traducción. Sin embargo, convertir aquellas páginas al español exigía también reconocer nombres, lugares y expresiones que formaban parte de un mundo familiar y comunitario.
Allí resultó decisiva la intervención de Nito. A los 88 años, revisó los textos, identificó errores y aportó recuerdos de su infancia. La tecnología permitió avanzar; la memoria familiar ayudó a dar precisión y contexto a las palabras recuperadas.
La edición en español, de más de 300 páginas y 53 capítulos, fue presentada en Concordia el 5 de septiembre de 2026. Su publicación recibió reconocimientos del Senado de Entre Ríos y de la Municipalidad de Concordia por su valor cultural.
El libro conserva mucho más que la historia de una colonia agrícola. Documenta los desafíos de familias que enfrentaron sequías, inundaciones y dificultades económicas, mientras construían escuelas, bibliotecas, cooperativas y sinagogas. En ese esfuerzo convivieron la integración a una nueva patria y la continuidad de la herencia judía.
Para la Comunidad Judía de México, acercarse a estas experiencias ofrece una oportunidad de reconocer preguntas compartidas: qué trajeron nuestros antepasados, qué construyeron y qué parte de ese legado estamos transmitiendo.
El encuentro en Ramat Shalom situó esas preguntas en un espacio comunitario. La historia de Nito Gorskin les dio un rostro concreto: el de un hijo que pudo, finalmente, conocer las palabras que su padre había dejado para el futuro. Recuperarlas fue también devolver a nuevas generaciones una parte de su propia historia.