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Memoria, solidaridad y esperanza: una comunidad unida ante la herida del 7 de octubre

Más de mil personas se reunieron en el Centro Comunitario Ramat Shalom, en un acto intercomunitario organizado por la Kehilá Ashkenazí y Keren Hayesod México. La numerosa presencia de jóvenes expresó un compromiso con la memoria, la solidaridad con Israel y la esperanza de un futuro de paz.

A tres años de la masacre del 7 de octubre de 2023, la Comunidad Judía de México se reunió para honrar a las víctimas y acompañar a quienes continuaban viviendo las consecuencias de aquella tragedia.

La presencia de numerosos jóvenes dio especial significado al encuentro. Su participación reflejó la importancia de transmitir la memoria entre generaciones y de mantener un vínculo vivo con Israel, con sus familias y con quienes enfrentaron la crueldad del terrorismo. Recordar juntos permitió expresar una cercanía que la distancia geográfica nunca pudo borrar.

El encuentro contó con la participación de representantes diplomáticos, dirigentes comunitarios y líderes de instituciones judías.

En su mensaje, la Dra. Raquel Feldman, presidenta de la Comunidad Ashkenazí de México, recordó que el 7 de octubre dejó una herida imborrable. Evocó a las personas asesinadas, a quienes fueron secuestrados y al sufrimiento que permaneció en los sobrevivientes y sus familias. Señaló que aquella fecha mostró la crueldad del odio contra personas inocentes, pero también reveló la fuerza de un pueblo que se organizó para sostener a quienes más lo necesitaban.

En su intervención, destacó la respuesta de la sociedad israelí, que reunió alimentos, ropa, alojamiento y apoyo para las familias afectadas y desplazadas. También recordó la movilización de las comunidades judías de la diáspora, que contribuyeron a iniciativas de asistencia, reconstrucción y rehabilitación física y emocional. Esa solidaridad expresó una responsabilidad compartida: acompañar a quienes debían reconstruir sus vidas.

Asimismo, el Sr. Yoed Magen, excmo. embajador de Israel en México, ofreció un mensaje sobre cómo Israel ha enfrentado este trágico hecho y todo lo que ha desencadenado desde hace tres años. El Sr. Marcos Achar, presidente de Keren Hayesod México, también expresó el gran trabajo realizado en apoyo a Israel en momentos tan difíciles.

Fue sumamente significativa la participación de las juventudes de nuestra comunidad, especialmente la presencia del presidente de FeMeJJ, Jacobo Cohen, así como de Elías Borovoy, presidente de Juventud de la Kehilá Ashkenazí, con un mensaje contundente sobre el papel de nuestros jóvenes en momentos en los que el antisemitismo ha inundado escuelas y universidades. Se alentó a los jóvenes a estar preparados para enfrentar, con fortaleza intelectual y emocional, los retos que implica ser judíos, no solo con resiliencia, sino también mediante acciones de esclarecimiento que permitan combatir los desafortunados prejuicios y la desinformación, principales mecanismos del odio y el rechazo. A ese dolor se suma el desconcierto ante las expresiones de indiferencia, la negación de los crímenes y los intentos de justificar la violencia contra civiles.

La masacre golpeó directamente a Israel, pero su impacto emocional alcanzó a las comunidades judías en todo el mundo. Para muchas personas, las imágenes de familias asesinadas, jóvenes atacados y seres humanos llevados al cautiverio quebraron una sensación elemental de seguridad.

El espacio central del programa estuvo dedicado a Ilana Gritzewsky, sobreviviente del cautiverio de Hamás. En un profundo diálogo moderado por Dalia Grinberg, su participación situó en el centro la dimensión humana del secuestro: una vida interrumpida, una familia sometida a la incertidumbre y una experiencia cuyas consecuencias no terminaron con la recuperación de la libertad.

Ilana habló de cómo la fe y su cercanía con Dios, así como sus lazos familiares, lograron darle consuelo en esos momentos en los que sólo su fortaleza interior constituía el único soporte para afrontar esa terrible y dolorosa experiencia.

Escuchar a una sobreviviente permitió acercarse a aquello que las cifras no alcanzaron a expresar. Cada persona secuestrada tuvo una historia, vínculos, proyectos y una vida cotidiana violentamente arrebatada. Dar espacio a esas voces constituyó una forma de preservar la memoria y de reconocer que la recuperación requirió tiempo, cuidado y acompañamiento.

También participaron jayalim pertenecientes al grupo Mishpoje. La presencia de jóvenes de nuestra propia comunidad, como Moisés Goldner y Salomón Bucay, acercó a los asistentes al rostro humano de quienes sirvieron en la defensa de Israel: jóvenes con familias, aspiraciones y proyectos personales, atravesados por responsabilidades y experiencias difíciles. Relataron cómo surgió Mishpoje, una asociación que tiene como fin brindar acompañamiento, asistencia y apoyo a quienes se encuentran sirviendo en el ejército de Israel.

Para los numerosos jóvenes que acudieron al encuentro, esa cercanía ofreció una oportunidad de comprender el vínculo entre la Comunidad Judía de México e Israel desde las personas y sus historias. La transmisión de la memoria encontró así un cauce vivo, sostenido por el encuentro entre generaciones.

La conmemoración también permitió reflexionar sobre la resiliencia. Continuar después de una tragedia de esa magnitud exigió reconocer el daño, dar lugar al duelo y aceptar que cada persona necesitó un tiempo distinto para sanar. La fortaleza pudo expresarse al pedir ayuda, al acompañar a alguien, al recuperar una rutina o al encontrar nuevamente una razón para mirar hacia adelante.

En Israel y en la diáspora, la solidaridad ofreció uno de los principales apoyos para ese proceso. Los vínculos comunitarios, la escucha y el cuidado mutuo ayudaron a sostener la vida allí donde la violencia había intentado quebrarla. La reconstrucción emocional fue también una tarea colectiva.

El acto intercomunitario reunió memoria, dolor y compromiso. Honró a quienes fueron asesinados, acompañó a los sobrevivientes y expresó cercanía con las familias que continuaban buscando consuelo.

Como sostuvo Raquel Feldman, recordar el 7 de octubre constituyó una obligación moral para quienes aman la vida y la libertad. En Ramat Shalom, esa responsabilidad tomó forma en una comunidad que se reunió para escuchar, sostenerse y renovar su esperanza: que Israel y el pueblo judío pudieran mirar hacia el futuro con paz, dignidad y confianza en la vida.

Kehila Ashkenazi, A.C. Todos los derechos reservados.
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