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Hay fechas que nos devuelven a un instante que nunca terminó de irse. Para el pueblo judío, el 22 de Tishréi lleva, desde hace tres años, una herida que atraviesa nuestra alegría, nuestras familias y nuestra manera de mirar el futuro.
Este sábado 3 de octubre, 22 de Tishréi, se cumplen tres años de la masacre del 7 de octubre de 2023. En Israel, aquella mañana era Simjat Torá: un día destinado al canto, al encuentro y a la alegría de abrazar la Torá. En México, donde celebramos primero Sheminí Atzéret, Simjat Torá comenzará al anochecer del sábado. La cercanía de ambas fechas nos enfrenta a una pregunta profundamente humana: ¿cómo celebrar cuando el corazón también necesita llorar?
Simjat Torá nos reúne alrededor de una continuidad. Terminamos de leer la Torá y volvemos a comenzar. Sus últimas palabras dan paso a Bereshit, al principio, como lo han hecho durante generaciones. En ese gesto vive una confianza: todavía tenemos algo que aprender, transmitir y una responsabilidad que asumir en el mundo.
El 7 de octubre irrumpió en esa continuidad con una violencia devastadora. El ataque terrorista de Hamás convirtió hogares, comunidades y espacios de encuentro en escenarios de una masacre. Detrás de cada vida arrebatada había un universo: una voz reconocible, una costumbre familiar, una conversación pendiente, alguien que esperaba volver a abrazar.
También hubo personas secuestradas y familias enfrentadas a una incertidumbre insoportable. Hubo sobrevivientes cuya vida quedó marcada para siempre. Y hubo un pueblo entero que, desde Israel hasta cada comunidad de la diáspora, sintió que aquel dolor también entraba en su propia casa.

Desde entonces, la alegría de Simjat Torá lleva consigo esa memoria. Quizá por eso, este año, abrazar la Torá también pueda ser una manera de sostener a quienes nos faltan. Al cantar, podemos recordar sus voces. Al reunirnos, hacer lugar para quienes siguen viviendo con el peso de lo ocurrido. Al mirar a nuestros hijos, podemos preguntarnos qué queremos enseñarles sobre su identidad, sobre la dignidad humana y sobre el valor de acompañar a otros.
No todos podrán vivir esta fiesta de la misma manera. Habrá quienes encuentren consuelo en las hakafot y quienes necesiten silencio. Quienes puedan bailar y quienes apenas puedan contener las lágrimas. Una comunidad también se reconoce en su capacidad de recibir todas esas emociones, sin exigir que el dolor tenga un plazo ni que la alegría llegue por obligación.
Podemos sentir ambas cosas. Podemos agradecer la vida y llorar una ausencia. Podemos celebrar nuestra tradición y reconocer cuánto nos duele esta fecha. En el corazón hay espacio para esa complejidad, aunque a veces resulte difícil encontrar las palabras.
Recordar nos compromete a cuidar la historia de cada persona, a escuchar a los sobrevivientes y a acompañar a las familias. Nos pide transmitir lo ocurrido con verdad y sensibilidad, para que las nuevas generaciones comprendan que la memoria está hecha de vidas humanas y que preservarla es una responsabilidad compartida.
Volver a Bereshit adquiere entonces una profundidad distinta. Comenzamos otra vez con lo que hemos vivido, con las ausencias que llevamos y con el deseo de construir un futuro en el que nuestros hijos puedan crecer con seguridad, identidad y esperanza.
En estos días, tengamos la sensibilidad de hacer espacio al dolor. Que nuestra memoria encuentre compañía. Y que quienes necesitan sostén encuentren en la comunidad una mano cercana.
Con ese espíritu, La Kehilá te invita al acto de conmemoración de la masacre del 7 de octubre, el miércoles 7 de octubre de 2026, a las 8:00 p. m. Nos reuniremos para honrar a las víctimas, escuchar y acompañarnos como comunidad.
El registro es indispensable. Regístrate aquí: https://www.eventbrite.com/e/2002247101981
Porque hay ausencias que llevaremos siempre con nosotros. Y porque seguir escribiendo nuestra historia también significa llevar sus nombres hacia el futuro.