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Ada Yonath deja un vacío en la ciencia israelí

La muerte de Ada Yonath, ocurrida el 31 de agosto de 2026, a los 87 años, deja un profundo vacío en la ciencia israelí y mundial. Premio Nobel de Química, investigadora del Instituto Weizmann de Ciencias y pionera en el estudio de los ribosomas, Yonath dedicó su vida a intentar aquello que muchos de sus colegas consideraban imposible.

Sus investigaciones permitieron observar con extraordinario detalle la estructura de los ribosomas, las diminutas “fábricas” que existen en todas las células y que convierten la información genética en proteínas. Comprender su funcionamiento transformó el conocimiento de uno de los procesos esenciales de la vida y abrió nuevas posibilidades para el desarrollo de antibióticos más eficaces.

No fue sólo una científica excepcional. Su historia se convirtió también en una demostración del poder de la curiosidad, la perseverancia y la libertad de pensamiento.

Ada Yonath nació el 22 de junio de 1939 en Jerusalén, en el seno de una familia de inmigrantes judíos procedentes de Polonia. Sus padres, Hillel y Esther Lifshitz, habían llegado en 1933 al entonces Mandato Británico de Palestina.

La familia vivía con recursos muy limitados en el barrio de Gueulá. Desde pequeña, Ada mostró una curiosidad inusual por comprender el mundo que la rodeaba. Quería saber por qué sucedían las cosas, cómo estaban construidas y qué mecanismos se ocultaban detrás de aquello que parecía cotidiano.

Tras la muerte de su padre, cuando ella era todavía una niña, la situación económica familiar se hizo aún más complicada. Sin embargo, continuó estudiando y encontró en la ciencia un territorio donde las preguntas no constituían una debilidad, sino el punto de partida para descubrir.

Cursó la licenciatura en Química y una maestría en Bioquímica en la Universidad Hebrea de Jerusalén. En 1968 obtuvo su doctorado en cristalografía de rayos X en el Instituto Weizmann. Más adelante realizó investigaciones posdoctorales en la Universidad Carnegie Mellon y en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

A su regreso a Israel, en 1970, fundó en el Instituto Weizmann el primer laboratorio de cristalografía de proteínas del país, que durante casi una década fue el único de su tipo.

A finales de la década de 1970, Yonath decidió concentrarse en una de las estructuras más complejas de la célula: el ribosoma.

Los ribosomas reciben las instrucciones contenidas en el material genético y, a partir de ellas, producen las proteínas que el organismo necesita. Estas intervienen prácticamente en todos los procesos de la vida: forman tejidos, transportan sustancias, permiten las reacciones químicas y participan en la defensa contra las enfermedades.

Para comprender la estructura tridimensional del ribosoma, Yonath debía obtener cristales suficientemente estables y analizarlos mediante rayos X. El problema era que los ribosomas son estructuras enormes, irregulares y sumamente frágiles. Los principales equipos científicos del mundo habían tratado de cristalizarlos sin conseguir resultados concluyentes.

La comunidad científica recibió su proyecto con escepticismo. Algunos consideraban que estaba desperdiciando su tiempo. Otros llegaron a describirla como una soñadora.

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Pero Yonath no abandonó la pregunta.

Durante años experimentó con diferentes métodos y recurrió a microorganismos capaces de sobrevivir en condiciones extremas para obtener ribosomas más resistentes. Su tenacidad la llevó a desarrollar técnicas innovadoras de cristalografía y criobiocristalografía, mediante las cuales las muestras podían conservarse a temperaturas muy bajas para reducir el daño producido por la radiación.

Después de casi dos décadas de trabajo, los equipos dirigidos por ella en el Instituto Weizmann y en una unidad de la Sociedad Max Planck en Hamburgo lograron determinar las estructuras tridimensionales completas de las dos subunidades de un ribosoma bacteriano. En el año 2000, la revista Science incluyó estos avances entre los diez descubrimientos científicos más importantes del año.

La importancia de sus investigaciones trascendió la biología estructural. Muchos antibióticos combaten las infecciones al adherirse a los ribosomas de las bacterias e impedir que produzcan las proteínas necesarias para sobrevivir.

Al revelar la arquitectura del ribosoma y mostrar los sitios exactos en los que actúan diferentes medicamentos, el trabajo de Yonath ayudó a comprender por qué ciertos antibióticos funcionan, cómo algunas bacterias desarrollan resistencia y de qué manera podrían diseñarse tratamientos más específicos.

Sus descubrimientos abrieron así una ruta para la creación de nuevos fármacos frente a uno de los mayores desafíos de la medicina contemporánea: la resistencia bacteriana a los antibióticos.

También buscó comprender el origen remoto del ribosoma y su posible relación con las primeras formas de vida. Para Yonath, cada respuesta científica conducía inevitablemente hacia nuevas preguntas.

En 2009, Ada Yonath recibió el Premio Nobel de Química junto con Venkatraman Ramakrishnan y Thomas A. Steitz por sus estudios sobre la estructura y el funcionamiento del ribosoma.

Con ese reconocimiento se convirtió en la primera mujer israelí en obtener un Premio Nobel, la primera mujer de Medio Oriente en recibirlo dentro de una disciplina científica y la primera mujer galardonada con el Nobel de Química en 45 años.

El premio representó la culminación de un trabajo desarrollado durante décadas, pero también la reivindicación de una idea que había sido desestimada por muchos.

Además del Nobel, Yonath recibió el Premio Israel, el Premio Wolf de Química, el Premio Harvey y el Premio L’Oréal-UNESCO para las Mujeres en la Ciencia, entre numerosas distinciones internacionales.

El Instituto Weizmann le otorgó el título de Institute Professor, su máxima distinción académica. Hasta los últimos días de su vida mantuvo activo su laboratorio, continuó publicando investigaciones y colaborando con científicos de diferentes países.

Ada Yonath evitaba presentarse únicamente como una excepción femenina dentro de la ciencia. Defendía que una investigadora debía ser valorada por la calidad de sus preguntas y descubrimientos, no sólo por su género.

Sin embargo, su trayectoria tuvo una importancia indiscutible para generaciones de mujeres que buscaban abrirse camino en ámbitos científicos históricamente dominados por hombres. Su vida demostró que la originalidad no depende del género, del origen económico ni de contar inicialmente con el respaldo de la mayoría.

Su legado reside tanto en sus descubrimientos como en la manera en que los alcanzó: eligió una pregunta difícil, soportó años de incertidumbre y continuó trabajando cuando las posibilidades de éxito parecían remotas.

Tras conocerse su fallecimiento, el presidente de Israel, Isaac Herzog, expresó su pesar y la describió como una de las investigadoras más importantes de la historia de la ciencia israelí.

“Quien siguiera el recorrido científico de la profesora Yonath sabía que era una pionera internacional, que demostró que la curiosidad, la dedicación y una determinación inquebrantable pueden ampliar las fronteras del conocimiento humano”, señaló Herzog.

El mandatario destacó que sus descubrimientos transformaron la ciencia y llevaron un gran honor al Estado de Israel. También recordó su modestia, la originalidad de su pensamiento y su capacidad para inspirar a científicos de todo el mundo.

El presidente envió sus condolencias a la familia de Yonath, a sus colegas y alumnos, al Instituto Weizmann y a toda la comunidad científica.

La mujer que convirtió un sueño en conocimiento

Ada Yonath hizo de la perseverancia un método científico. Frente a quienes consideraban inalcanzable la posibilidad de revelar la estructura del ribosoma, respondió con décadas de investigación, creatividad y paciencia.

Su historia recuerda que los grandes avances no siempre nacen de certezas inmediatas. Con frecuencia surgen de una pregunta que alguien se niega a abandonar.

El trabajo de Yonath permitió contemplar uno de los mecanismos más antiguos y esenciales de la vida. Pero su mayor enseñanza quizá se encuentre en otro lugar: en la decisión de continuar buscando incluso cuando todos los caminos parecen cerrados.

Su obra permanecerá en los laboratorios, en la lucha contra la resistencia a los antibióticos y en cada nueva generación de científicos que se atreva a investigar lo que todavía parece imposible.

Kehila Ashkenazi, A.C. Todos los derechos reservados.
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