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Adicción a las apuestas o ludopatía

Mtro. Alor Ruiz.

Las adicciones conductuales también se conocen como adicciones sin sustancia, debido a la similitud encontrada en la farmacodependencia, visto en compulsión, descontrol, incapacidad para detenerse, daños significativos derivados de la conducta o acentuados por esta, placer en la realización y malestar por su interrupción, la evolución desfavorable sin tratamiento y la respuesta terapéutica especializada necesaria para su atención. Estudios alertan del alarmante incremento de estas adicciones, en ambos sexos y en un amplio rango de edades que abarca desde la adolescencia hasta la vejez.

La persona con trastorno del juego, experimenta un impulso incontrolable por seguir apostando, sin importar las consecuencias negativas que eso tenga en su vida o de sus seres queridos. El apostador está dispuesto a arriesgar su patrimonio o aquello que valora, por el deseo de seguir jugando, con la esperanza de ganar o recuperar lo perdido. Adicionalmente los jugadores expresan un acentuado malestar cuando no pueden llevar a cabo la conducta de apostar.

Esta conducta estimula el sistema de recompensa del cerebro, produce placer y el cerebro está diseñado para memorizar y repetir lo que es placentero, algo similar a lo que sucede cuando se consumen drogas.

Las personas con este problema, frecuentemente hacen apuestas y con mayor facilidad desde dispositivos móviles (teléfonos o tabletas), mediante aplicaciones de apuestas o juego en línea, y en lugares de juegos como casinos; frecuentemente llegan a perder, incluso agotar sus ahorros o el dinero de los demás y endeudarse severamente. Es común que oculten su comportamiento e incluso recurran al robo o fraude para mantener la adicción. La adicción al juego es un trastorno grave que puede destruir vidas.

Algunos síntomas de la ludopatía incluyen: estar preocupado por apostar, planificando constantemente actividades con apuestas y planeando obtener dinero para apostar; necesidad de apostar cantidades cada vez mayores de dinero para sentir la emoción que se experimentaba al principio; fracasos al intentar controlar, disminuir o abandonar las apuestas; experimentar intranquilidad o irritabilidad cuando no se puede apostar; jugar para evadir problemas o aliviar sentimientos de culpa, ansiedad o depresión; intentar recuperar las pérdidas apostando más (frecuentemente perdiendo nuevamente y aumentando las deudas); mentir a familiares, pareja, amigos sobre el dinero gastado, y ocultando la gravedad de las deudas; poner en riesgo o perder el trabajo, negocios, patrimonio propio o ajeno u oportunidades educativas o laborales debido al juego; pedir a otras personas dinero, para salir de apuros financieros o problemas legales, derivado del dinero perdido al apostar.

La mayoría de las personas que apuestan casualmente dejan de hacerlo cuando pierden o establecen inicialmente un límite del dinero que está dispuesto a jugar. A diferencia de las personas con un problema de juego, que sienten el impulso de seguir jugando para sentir emoción o pretendiendo recuperar su dinero, comportamiento que se vuelve cada vez más descontrolado y destructivo.

La negación o minimización sobre las consecuencias negativas es común, y son los familiares, amigos o compañeros de trabajo quienes comunican preocupación por la forma de jugar, estas son señales para consultar con un psiquiatra o profesional de salud mental; aunque tratar juego compulsivo puede ser desafiante, muchas personas han encontrado ayuda en el tratamiento profesional.

Aun no se comprende qué lleva a una persona a jugar de manera compulsiva, pero al igual que muchos otros trastornos, la ludopatía puede ser consecuencia de la combinación de factores biológicos, genéticos y ambientales. Los factores de riesgo asociados son: problemas de salud mental (consumo de sustancias, depresión, ansiedad o trastorno por déficit de atención e hiperactividad); edad, jugar durante la infancia o la adolescencia aumenta el riesgo de desarrollar una ludopatía; sexo el juego compulsivo es más común en hombres que en mujeres; influencia de familiares o amigos.

Las complicaciones por este trastorno van desde problemas en las relaciones de pareja, o familiares, las dificultades económicas y severos endeudamientos, problemas legales o encarcelamiento, deterioro del estado de salud física y mental, hasta intentos de suicidio o suicidio consumado.

Es recomendable buscar tratamiento especializado ante el primer signo de un problema para evitar que la ludopatía empeore.

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