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El Estado de Israel mantiene coordinación y sintonía con Estados Unidos respecto al alto al fuego con Irán, el cual, como ha aclarado el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no incluye el conflicto con la organización terrorista Hezbolá, radicada en el Líbano.
Luego de acordarse un alto al fuego pactado a finales de 2024, Hezbolá decidió violarlo y se unió a la guerra contra Israel por iniciativa propia, como brazo de Irán, sacrificando los intereses del Estado libanés y de sus ciudadanos en favor de los intereses de Teherán.
En este contexto, la organización terrorista continúa amenazando a la población civil israelí mediante el lanzamiento indiscriminado de cohetes desde el sur del Líbano, cuyo volumen ha superado incluso el de los lanzamientos desde Irán. Asimismo, mantiene la amenaza de una incursión terrestre. Israel no puede aceptar estas amenazas contra sus ciudadanos ni permitirá su continuidad.
La situación actual es resultado de la inacción y el fracaso del Gobierno del Líbano para cumplir con sus compromisos: desarmar a Hezbolá y garantizar su retirada al norte del río Litani. En lugar de reconocerlo, el Gobierno libanés, que ha afirmado falsamente haber completado el desarme de Hezbolá y no ha impedido el lanzamiento de cohetes contra territorio israelí, evade su responsabilidad al tiempo que acusa a Israel.
El Gobierno del Líbano, en el que aún participan ministros vinculados a Hezbolá, no ha logrado enfrentar a la organización, desarmarla ni alejarla del sur del río Litani. Por ello, Israel actuará por sí mismo para alcanzar estos objetivos y no depositará su seguridad en manos de fuerzas extranjeras.
El fracaso de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano (UNIFIL) en la aplicación de la Resolución 1701 lo demuestra claramente. En cuanto a las acusaciones de daños a fuerzas de UNIFIL: debido a la actividad de Hezbolá y su continua presencia en el sur del Líbano, se trata de una zona de combate activa, tal como Israel ha advertido a UNIFIL, instándole a extremar precauciones. No existe intención de dañar a estas fuerzas, y cualquier incidente excepcional es investigado a fondo y con total transparencia.
Los llamados de la comunidad internacional a Israel para que detenga sus operaciones contra Hezbolá reflejan una visión de corto plazo, ignoran la necesidad de abordar de manera definitiva la amenaza de la organización terrorista y no toman en cuenta el sufrimiento de los ciudadanos israelíes. Quien adopta esta postura, en la práctica, acepta la transformación del Líbano en un territorio bajo tutela iraní.
Israel toma medidas para minimizar el daño a la población libanesa no involucrada, incluyendo la emisión de advertencias previas y la evacuación de residentes. Esto se realiza a pesar de condiciones de combate complejas, asumiendo riesgos para sus fuerzas. El objetivo es evitar que el Líbano se convierta en una plataforma de lanzamiento de cohetes contra civiles israelíes.