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Becky Krinsky

Mi papá no era el padre que yo quería tener

Reconocer que tu padre no era el padre que uno hubiera deseado no significa que no haya sido un buen padre; simplemente fue lo mejor que él pudo ser.

Los problemas entre padre e hijos/as son algunos de los conflictos más comunes y dolorosos dentro de las relaciones personales significativas. Estos problemas suelen estar cargados de resentimiento, frustración y, en algunos casos, un profundo enojo al enfocarse únicamente en las carencias o necesidades y aspiraciones no satisfechas.

Ser padre es una tarea bella y difícil, ya que, por un lado, se enfrentan las propias luchas internas y sueños, y por otro, se tiene la responsabilidad de ser la mejor versión de uno mismo para criar, educar y apoyar a los hijos en la medida de lo posible.

Cuando uno navega por la vida con el sentimiento de no ser apreciado o reconocido por su padre, o cuando siente que su padre estaba demasiado ocupado luchando por su propia vida para participar en la de sus hijos, la gratitud y el amor incondicional se lastiman, condiciones necesarias para desarrollar compasión, amor propio, habilidad para perdonar y ser resiliente.

La relación con el padre puede influir significativamente en la formación de la identidad y la autoestima de sus hijos. Un padre presente y positivo puede ayudar a construir una autoimagen saludable, mientras que un padre crítico o ausente puede contribuir a problemas de autoestima.

Al tratar de entender por qué actúan las personas como lo hacen, se puede observar que ciertos patrones de comportamiento y dinámicas familiares se transmiten de una generación a otra. Hay padres que actúan de maneras no tan sanas ni cariñosas, no porque sean malos padres, sino porque repiten costumbres y ejemplos que aprendieron sin reconocer que estos también les lastimaron.

Un hijo/a que vive con resentimiento o culpa porque siente que su padre le falló, buscará relacionarse con personas que perpetúan su dolor, repitiendo así el enojo hacia su padre en futuras relaciones.

Limitar la felicidad y el bienestar por vivir bajo la esclavitud emocional es una gran pérdida. Liberarse del dolor, la culpa y sanar el ciclo del resentimiento transforma a la persona, utilizando su sufrimiento como catalizador para reconciliarse con quien cree que le lastimó. Esto invita al crecimiento emocional y evita la autodestrucción.

La relación padre-hijo puede verse como una oportunidad para el crecimiento espiritual de ambos. La paciencia, el perdón y la compasión son cualidades espirituales que pueden desarrollarse a través de esta relación.

La receta

Ingredientes:

· Ejemplo: integridad y acciones diarias que enseñan e inspiran.

· Amor incondicional: aceptación, gratitud y cariño sin pedir explicaciones.

· Respeto: reconocer el valor y agradecer la forma de ser de cada quien.

· Compasión: empatía y comprensión ante las imperfecciones y errores.

· Consideración: aceptar a la persona entendiendo su historia y su condición.

Afirmación personal para aprender amar a mi papá

Siento una inmensa gratitud hacia mi padre. Aprecio sus esfuerzos, sus enseñanzas y todo lo que me dio y no pudo dar a lo largo de mi vida. Respeto y honro a mi padre por el hombre que es; él me dio la vida y ha contribuido a que sea la persona que soy hoy. Reconozco que mi padre no es perfecto, tiene sus fallas y carencias, pero también su sabiduría y su forma única de ser y de ver la vida. Entiendo que mi padre y yo no somos iguales, ni vemos la vida del mismo modo, pero él siempre será mi padre y mantendré el respeto que se merece. Elegir tratar a mi padre con compasión es una forma de nutrir mi bienestar y mi salud mental.

Entendiendo mi padre con amor

1. Mi padre es un hombre que me guía, acompaña y protege. Sus ejemplos no siempre son claros y concretos; a veces me guía desde lejos y en silencio, otras con amenazas y confrontaciones, pero siempre con la intención de que yo sea una mejor persona.

2. Su experiencia me orienta y me ubica. A veces lo hace con buenos y sabios consejos, otras con amor incondicional, pero siempre con la seguridad de que mi padre estará cerca de mí cuando lo necesite.

3. Reconozco el valor y la fragilidad de la vida gracias a la presencia de mi padre. Su mirada y su testimonio de vida son el mejor regalo que me puede dar. Al verlo, hoy sé que yo y mis hijos tenemos una historia y un futuro.

"Amar a mi padre con sus imperfecciones me da el valor para amarme a mí mismo."*Prohibida su reproducción total o parcial sin el permiso escrito del editor y sin citar la fuente. Copyright © 2005-2024 Recetas para la vida© Todos los Derechos Reservados

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