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El Principito: una despedida que deja huella en la comunidad

Con una emotiva ceremonia de develación de placa, la Kehilá Ashkenazí de México marcó el cierre de temporada de la exitosa puesta en escena El Principito, una obra que trascendió el escenario para convertirse en un auténtico acto de encuentro, reflexión y solidaridad.

Desde su estreno, esta producción logró convocar a un público amplio e intergeneracional, cautivando no solo por su calidad artística, sino por la vigencia de su mensaje profundamente humano. Inspirada en la obra universal de Antoine de Saint-Exupéry, la puesta en escena invitó a reconectar con lo esencial: los vínculos, la empatía y la responsabilidad afectiva, valores que dialogan de manera directa con el espíritu comunitario que la Kehilá promueve.

Pero más allá de su impacto cultural, El Principito se distinguió por su propósito social. Esta iniciativa fue concebida no solo para deleitar al público, sino para traducir el arte en acción concreta, destinando recursos a diversas instituciones y causas comunitarias, en un claro ejemplo del principio de benevolencia activa que se desarrolla por parte de nuestra querida Kehilá.

Entre las instituciones beneficiadas se encuentran Or Jai, Hatzalá, DIF, Hatikva, así como programas propios de Asistencia y Ayuda de la Kehilá, reafirmando el compromiso de la comunidad con quienes más lo necesitan.

La ceremonia de develación de placa representó un momento particularmente significativo en el que Anita Fainsod, Directora de la puesta en escena, invitó a un acto de reconocimiento al talento, al esfuerzo colectivo y al impacto alcanzado, con la presencia de la Dra. Raquel Feldman, Presidenta de la Comunidad Ashkenazí de México, y de la Lic. Yael Guzik, Presidenta del Comité Cultural, así como la participación de destacadas figuras del medio artístico como Roberto D’Amico y Diana Golden, en una linda mañana de domingo cargada de emoción y gratitud.

Este cierre de temporada no solo celebró el éxito de una obra, sino el cumplimiento de un propósito mayor: demostrar que cuando el arte se alinea con los valores y la responsabilidad social, se convierte en una herramienta poderosa de transformación.

El Principito deja así una huella profunda en la vida cultural de la Kehilá Ashkenazí de México, consolidándose como un proyecto que logró unir generaciones, sensibilizar conciencias y, sobre todo, extender la mano hacia los demás.

Porque, como nos recuerda esta entrañable historia, lo verdaderamente importante no siempre es visible… pero sí profundamente transformador cuando se comparte.

Esperamos que este tipo de proyectos artísticos continúen ya que sus alcances trascendieron muy ampliamente, siendo un punto de encuentro y plena convivencia para muchas familias de nuestra comunidad.

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