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En el JNS International Policy Summit 2026, realizado en Jerusalén, el presidente Isaac Herzog y el primer ministro Benjamín Netanyahu ofrecieron dos discursos que, desde estilos y responsabilidades distintas, delinearon una misma preocupación central para Israel: el papel de Irán como eje desestabilizador en Medio Oriente, la amenaza de Hezbollah en Líbano, la necesidad de preservar la seguridad israelí y la urgencia de enfrentar la creciente campaña internacional de deslegitimación contra el Estado judío.
Herzog habló desde el lenguaje institucional de la diplomacia, la responsabilidad regional y la alianza estratégica con Estados Unidos. Netanyahu, por su parte, lo hizo desde una narrativa de liderazgo, defensa militar y transformación de la doctrina de seguridad israelí. Ambos coincidieron en un punto esencial: Israel aspira a la paz, pero no puede permitir que esa paz se construya sobre acuerdos que fortalezcan a Irán, mantengan intacta la amenaza de Hezbollah o ignoren la seguridad de sus ciudadanos.
El presidente Herzog abrió su intervención con una advertencia sobre el momento regional. Desde Irán hasta Líbano y Gaza, señaló, los enemigos de Israel buscan reorganizarse, rearmarse y adaptarse para continuar amenazando a la población israelí. Aun así, subrayó que Israel no se opone a una salida diplomática. “Buscamos la paz. Soñamos con la paz en todas nuestras fronteras”, expresó, dejando claro que la diplomacia no es incompatible con la firmeza en materia de seguridad.
Su mensaje estuvo marcado por una preocupación específica: que cualquier acuerdo con Irán debe impedir que recursos financieros terminen alimentando nuevamente su maquinaria militar o financiando a sus aliados regionales. Herzog reconoció que el presidente Donald Trump y los líderes estadounidenses han señalado correctamente que Irán representa una amenaza para la paz mundial, pero pidió atender con seriedad las preocupaciones israelíes sobre los componentes financieros de cualquier entendimiento con Teherán.
Para Herzog, Israel no observa este proceso desde la distancia. Es el país que permanece en la línea de fuego frente a Irán y sus representantes. Por ello, insistió en que la amenaza nuclear iraní no puede ser tratada como una abstracción diplomática, sino como un riesgo tangible para Israel, para la región y para la estabilidad internacional.
Uno de los puntos más contundentes de su discurso fue Líbano. Herzog afirmó que el conflicto debe resolverse mediante negociaciones entre Israel y Líbano, no mediante presión o “extorsión iraní”. Según el presidente israelí, permitir que Irán condicione el futuro libanés no sólo deja a Israel expuesto a amenazas permanentes, sino que debilita al propio Estado libanés e impide que su presidente y su gobierno puedan avanzar hacia una verdadera soberanía.
“El desarme de Hezbollah debe ser inherente a cualquier solución en Líbano, e Irán no puede dictar el futuro de Líbano”, sostuvo Herzog. En ese punto, agregó, existe una coincidencia fundamental entre Israel y Líbano: ambos necesitan un Líbano soberano, estable y libre de la tutela de una organización armada que responde a intereses externos y opera por encima de las instituciones del Estado.
Netanyahu, en cambio, colocó el acento en los resultados militares y en las decisiones que, según él, cambiaron el curso estratégico de la región. Recordó que en distintos momentos recibió advertencias para no entrar en Rafah, no golpear a Hezbollah y no confrontar directamente a Irán. Sin embargo, afirmó que Israel actuó porque su seguridad no podía depender de la cautela de otros actores ni de la aprobación externa.
El primer ministro presentó las operaciones contra Irán como una respuesta indispensable ante una amenaza existencial. Aseguró que, de no haber actuado, Irán habría avanzado hacia la obtención de armas nucleares. En ese contexto, defendió las operaciones Rising Lion y Roaring Lion, a las que atribuyó un impacto decisivo sobre la infraestructura nuclear, militar y estratégica iraní.
“Mientras yo sea primer ministro, Irán nunca tendrá un arma nuclear”, afirmó Netanyahu, al presentar esa promesa como una línea roja personal, política e histórica. Para él, la amenaza iraní no es únicamente un desafío de seguridad nacional, sino una cuestión de supervivencia para el pueblo judío.
El primer ministro también destacó que Israel golpeó a líderes de Hamas, Hezbollah y de la red regional apoyada por Irán. Mencionó la eliminación de figuras como Yahya Sinwar, Ismail Haniyeh, Mohammed Deif y Hassan Nasrallah, así como la destrucción de gran parte de la capacidad militar de Hezbollah. Estas afirmaciones fueron presentadas por Netanyahu como prueba de que Israel logró modificar el equilibrio de fuerzas frente al llamado “eje del terror” iraní.
En el tema libanés, ambos líderes coincidieron en la necesidad de neutralizar a Hezbollah, aunque desde ángulos diferentes. Herzog habló de negociaciones, soberanía libanesa y desarme como condición para una solución política. Netanyahu habló de una zona de seguridad en el sur de Líbano que Israel mantendrá “mientras sea necesario” para proteger a sus comunidades del norte.
Netanyahu argumentó que ningún país aceptaría tener en su frontera a una fuerza armada que lanza cohetes, misiles y drones contra sus ciudades. Según explicó, Israel no libra una guerra contra Líbano, sino contra Hezbollah, organización a la que describió como un representante de Irán que amenaza tanto a Israel como a la soberanía libanesa. Sólo cuando Hezbollah sea desmantelado y desarmado, afirmó, podrá abrirse la posibilidad de una paz real con Líbano.
La relación con Estados Unidos ocupó también un lugar central en ambos discursos. Herzog expresó un respaldo explícito a la alianza con Washington y rechazó cualquier declaración despectiva contra altos funcionarios de la administración estadounidense. Definió al presidente Trump como un socio confiable, aliado cercano de Israel y figura clave en la lucha contra la amenaza iraní.
Netanyahu, por su parte, enfatizó la independencia israelí dentro de esa alianza. Rechazó la idea de que Trump actúe bajo órdenes de Israel o que Israel actúe bajo órdenes de Washington. “Somos líderes de países independientes y orgullosos”, señaló, al explicar que ambos gobiernos pueden coincidir en muchos temas, pero que Israel siempre debe actuar conforme a sus propios intereses de seguridad.
Así, mientras Herzog buscó preservar el tono diplomático y la unidad estratégica con Estados Unidos, Netanyahu reivindicó el derecho de Israel a tomar decisiones autónomas incluso frente a presiones externas. La combinación de ambos mensajes reflejó una tensión permanente en la política israelí: la necesidad de mantener la alianza con su principal socio internacional, sin renunciar a la capacidad de actuar por cuenta propia ante amenazas existenciales.
Otro eje compartido fue la denuncia del antisemitismo y la deslegitimación internacional de Israel. Herzog advirtió que la campaña contra Israel no debe confundirse con crítica legítima o constructiva, pues muchas veces busca cuestionar el derecho del pueblo judío a la soberanía y a vivir en paz. Llamó a enfrentar toda expresión de antisemitismo y a combatir los dobles estándares en medios, plataformas digitales y organismos internacionales.
Netanyahu retomó ese tema desde una perspectiva histórica. Recordó las calumnias que acompañaron durante siglos la persecución de los judíos —desde acusaciones medievales hasta la propaganda nazi— y afirmó que la gran diferencia de la era contemporánea es la existencia del Estado de Israel y de un ejército capaz de defender al pueblo judío. “Cuando vienen a masacrarnos, respondemos”, fue el sentido central de su mensaje.
En ese contexto, Netanyahu dirigió un llamado directo a los judíos de la diáspora, especialmente a los de Estados Unidos. Les pidió no esconderse, no temer y no ceder ante la intimidación. “Levántense. Defiendan la verdad, defiendan a Israel, defiendan al pueblo judío y defiendan el futuro judío”, expresó, en una apelación que vinculó la seguridad de Israel con la dignidad y la voz pública de las comunidades judías en el mundo.
Herzog, en cambio, cerró su discurso con una visión de esperanza regional. Recordó los Acuerdos de Abraham con Emiratos Árabes Unidos, Marruecos y Bahréin, así como los tratados de paz con Egipto y Jordania. Para el presidente israelí, esos precedentes demuestran que la paz no es ingenuidad, sino una estrategia de fortaleza. Su aspiración, dijo, es ampliar ese círculo y construir una región de puentes, no de barreras.
En conjunto, las intervenciones de Herzog y Netanyahu ofrecieron una imagen amplia del momento que atraviesa Israel. Herzog planteó la necesidad de una diplomacia firme, responsable y coordinada con Estados Unidos, que no permita a Irán ni a Hezbollah condicionar el futuro regional. Netanyahu presentó una doctrina de seguridad basada en la iniciativa militar, la prevención y la disposición a actuar antes de que las amenazas se vuelvan irreversibles.
Uno habló desde la arquitectura diplomática de la paz; el otro, desde la lógica de la disuasión y la defensa activa. Pero ambos coincidieron en el núcleo del mensaje: Israel está dispuesto a buscar soluciones políticas, ampliar alianzas y construir paz, siempre que esa paz no comprometa su seguridad ni permita que Irán y sus aliados reconstruyan la capacidad de amenazar al Estado judío.
El JNS International Policy Summit dejó así una doble lectura del liderazgo israelí en este momento histórico: la diplomacia como horizonte y la fuerza como condición de supervivencia. Para Herzog y Netanyahu, el futuro regional dependerá de la capacidad de contener a Irán, desarmar a Hezbollah, preservar la alianza con Estados Unidos, fortalecer la soberanía de los Estados moderados y defender, sin ambigüedades, el derecho de Israel y del pueblo judío a vivir en seguridad.