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En un escenario internacional marcado por la amenaza iraní, los cambios en la política global de Estados Unidos y la necesidad de reforzar su autonomía estratégica, Israel comienza a delinear una nueva arquitectura regional de seguridad.
Así lo expresó el director general del Ministerio de Defensa de Israel, mayor general en reserva Amir Baram, durante su participación en la Conferencia de Herzliya, en la Universidad Reichman, donde advirtió que el país debe prepararse para una etapa distinta en Medio Oriente: una etapa en la que la fuerza militar, la innovación tecnológica, la diplomacia regional y las alianzas internacionales deberán integrarse en una misma visión de seguridad.
Baram señaló que la guerra ha dejado clara, para todos los actores de la región, la magnitud del peligro que representa el fortalecimiento militar de Irán. A su juicio, los acuerdos que hoy se configuran en distintas partes del mundo podrían canalizar cientos de miles de millones de dólares hacia Teherán, acelerando de manera dramática su capacidad militar.
Frente a ese escenario, sostuvo que Israel debe avanzar en dos direcciones paralelas: fortalecer sus capacidades de defensa de manera específica y construir un nuevo marco regional de alianzas, encabezado por su relación estratégica con Estados Unidos, pero ampliado hacia otros socios.
Uno de los puntos centrales de su intervención fue la propuesta de una alianza más amplia que conecte a India, Emiratos Árabes Unidos, Grecia y Chipre. Esta visión refleja un cambio relevante en el pensamiento estratégico israelí: no se trata de sustituir la alianza con Washington, sino de ampliar el margen de maniobra de Israel mediante una red de cooperación militar, tecnológica, económica y diplomática.
Según Baram, la combinación entre la experiencia operativa de Israel, su capacidad de innovación en defensa y el poder financiero del Golfo podría abrir la puerta a un nuevo frente de cooperación económico-securitaria. Esta red permitiría a Israel diversificar sus apoyos internacionales y fortalecer su posición en un mundo cada vez más competitivo y fragmentado.
El director general del Ministerio de Defensa también abordó la relación con Estados Unidos y las negociaciones para un nuevo memorándum de entendimiento en materia de seguridad. Su mensaje fue claro: Israel no puede analizar la política estadounidense desde una mirada limitada o local. Lo que en Israel puede percibirse como debilidad o falta de atención ante la amenaza iraní, en Washington se entiende como una administración calculada de riesgos en una era en la que China y el Indo-Pacífico ocupan el centro de las prioridades estratégicas estadounidenses.
Baram resumió esa diferencia con una frase contundente: Israel piensa en Teherán; Estados Unidos piensa en Taiwán.
Con ello, explicó que para Israel Irán representa una amenaza existencial, mientras que para Estados Unidos constituye un desafío regional crónico, importante pero no central frente a su competencia global con China. Esta diferencia no implica una ruptura entre ambos países, sino la necesidad de redefinir la alianza con mayor realismo.
En ese sentido, Baram afirmó que la relación entre Israel y Estados Unidos no puede descansar únicamente en valores compartidos, sino también en intereses concretos. Un Israel fuerte, independiente y proactivo, dijo, es un activo estratégico para Washington, porque contribuye a estabilizar Medio Oriente y permite a Estados Unidos concentrar mayores recursos en Asia.
Esa será, según explicó, la base del próximo memorándum de entendimiento sobre cooperación en seguridad que ambos países están formulando. El acuerdo deberá producir beneficios militares, económicos y estratégicos para las dos naciones durante los próximos años.
Otro eje relevante de su discurso fue la producción de interceptores. Baram reveló que, durante el último año, el Ministerio de Defensa tuvo que recurrir a poderes de emergencia para enfrentar cuellos de botella, adquirir materias primas en distintos continentes, ampliar líneas de producción local y reclutar personal especializado para las industrias de defensa.
Gracias a esas medidas, Israel cuenta hoy con un inventario creciente de interceptores Arrow, David’s Sling y Iron Dome, incluso en medio de la guerra. Sin embargo, advirtió que el trabajo aún no ha terminado y que la construcción de fuerza a largo plazo sigue siendo una tarea urgente.
El mensaje de Baram en Herzliya fue, en esencia, una advertencia y una hoja de ruta. La advertencia: Irán puede salir fortalecido si los nuevos acuerdos internacionales le permiten acelerar su rearme. La hoja de ruta: Israel debe prepararse con mayor producción militar, nuevas alianzas regionales, cooperación tecnológica y una relación renovada con Estados Unidos basada tanto en valores como en intereses duros.
En un Medio Oriente en transformación, la seguridad israelí ya no depende únicamente de ganar una guerra, sino de anticipar la siguiente etapa regional. La propuesta de Baram apunta precisamente a eso: construir una red de poder, cooperación y disuasión capaz de enfrentar el avance iraní y, al mismo tiempo, colocar a Israel como un actor central en la nueva arquitectura estratégica de la región.