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Parashá Vaietzé 5786
"Saliendo a la vida y encontrando nuestro destino”
La vida es un camino lleno de subidas y bajadas. A veces avanzamos con fuerza, sintiendo que todo fluye; otras veces, de la nada, aparece una bajada que nos sacude y nos hace dudar. Pero justo ahí, en esas caídas, aprendemos a impulsarnos de nuevo, a encontrar nuevas fuerzas y a subir más alto que antes.
Parashá Vayietzé nos enseña precisamente eso: lo que significa salir, dejar lo conocido y aventurarse hacia un destino que todavía no vemos, pero que nos está esperando. Cada paso, cada desafío y cada ascenso forman parte del proceso de descubrir quiénes somos y hacia dónde estamos llamados.
Parashá Vaietzé comienza cuando Jacob sale de Beer Sheva y llega a un lugar y no nos describen el lugar, se queda ahí y el sol se había metido, sueña con una escalera donde bajaban y subían ángeles.
Así como todos debemos salir al mundo para ganarnos la vida y descubrir quiénes somos, también Jacob emprendió su propio camino. Jacob salió a la vida sin saber lo que el destino le tenía preparado. En su camino encontró un pozo y ahí también encontró a Rajel, el amor que lo impulsó a seguir adelante. Para casarse con ella trabajó siete años, pero la vida con sus giros inesperados le puso una prueba: Laván cambió a Rajel por Lea en la noche de la boda. No era el plan, no era su sueño, pero Jacob decidió seguir adelante, porque a veces el destino se construye incluso desde lo inesperado. En medio de este nuevo comienzo, Iaakov formó la familia que daría origen a las Tribus de Israel. Hashem abrió el vientre de Lea y nacieron Rubén, Shimón, Leví, Iehudá, luego Isajar, Zevulún y Dina. Rajel, que aún no tenía hijos, entregó a su sierva Bilhá, de quien nacieron Dan y Naftalí. Lea hizo lo mismo con Zilpá, que dio a luz a Gad y Asher. Finalmente, Rajel también fue bendecida, trayendo al mundo a Yosef.
La vida cambia sin avisar. A veces avanzamos seguros y, de pronto, algo se mueve bajo nuestros pies y toda gira en una dirección inesperada. No podemos detener esos cambios, pero sí podemos decidir cómo los vivimos.
Las Parashot nos lo recuerdan una y otra vez: la historia puede tomar un giro de 180 grados justo cuando menos lo imaginamos. Lo que parecía seguro se desvanece, lo que parecía imposible se abre como un nuevo sendero. Y ahí está la verdadera enseñanza: estar atentos, porque incluso los desvíos más desconcertantes pueden convertirse en oportunidades disfrazadas.
Hay momentos en los que los planes se rompen, pero no para destruirnos, sino para redirigirnos hacia algo más grande, más pleno, más nuestro. A veces el privilegio no está en que todo salga como queremos, sino en descubrir que los cambios los inesperados, los que nos obligan a replantearnos el camino pueden ser, en realidad, la mano de Hashem guiándonos hacia un bien mayor.
Por eso, la clave no es evitar el cambio, sino aprender a mirarlo con ojos de posibilidad, de crecimiento y de confianza. Porque cuando comprendemos esto, incluso el giro más brusco de la vida puede convertirse en el inicio de nuestro verdadero destino.
¡Shabat Shalom!