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Shajarit: 9:00

Minja: 18:15

Jaime Levit

Parashot Tazría-Metzorá 5786

“Metamorfosis espiritual”

 

Cada cambio en la vida abre una puerta. A veces no sabemos hacia dónde nos lleva, pero inevitablemente nos transforma. Las circunstancias se mueven, la realidad parece distinta, y aunque no siempre lo entendamos en el momento, todo forma parte de un propósito mayor. Si confiamos en que todo proviene de Hashem, incluso los cambios más desconcertantes terminan siendo para bien. La parashá Tazria nos introduce en el mundo de la pureza e impureza ritual. Nos habla del nacimiento, de la llegada de una nueva vida, y del proceso que la madre debe atravesar para purificarse: la inmersión en la mikve y la presentación de ofrendas en el Templo.

 

Cuando el bebé es varón, se suma un momento central en la vida judía: el Brit Milá, realizado al octavo día, siempre y cuando el niño se encuentre en condiciones adecuadas de salud. Pero Tazría no se queda en lo físico. Nos enseña que los cambios visibles muchas veces reflejan procesos internos más profundos. Así aparece el fenómeno de la Tzaraat, comúnmente mal entendido como una enfermedad física, cuando en realidad era una manifestación espiritual. No solo afectaba a la persona, sino también a su ropa e incluso a su hogar. Era, en esencia, un llamado de atención: una señal divina para detenerse, reflexionar y corregir. Ante cualquier señal, se acudía al Cohen, quien cumplía un rol similar al de un guía espiritual y examinador. Él determinaba si se trataba de Tzaraat y, de ser así, aislaba a la persona durante un tiempo, permitiendo un proceso de introspección y cambio.

 

La Torá describe con detalle estas situaciones, enseñándonos que incluso en el aislamiento hay propósito. La continuación en Metzorá profundiza en el proceso de sanación, donde el Cohen guiaba rituales simbólicos con elementos naturales, marcando el regreso de la persona a la comunidad. Incluso las casas podían verse afectadas, recordándonos que nuestro entorno también refleja nuestro estado interior. Asimismo, existen otras formas de impureza física como en el hombre y la mujer que se resuelven mediante la mikve, reforzando la idea de renovación constante. La enseñanza final es clara y poderosa: no todo lo que nos ocurre es meramente físico. Muchas veces, lo externo es un reflejo de lo interno. Y dentro de esas áreas invisibles, una de las más delicadas es el uso de la palabra. El Lashon Hará, hablar mal de otros, no solo daña a quien escucha o a quien es mencionado, sino también a quien lo dice. Transformarse no siempre es fácil. Pero cada señal, cada cambio y cada desafío son oportunidades para crecer, corregir y acercarnos a una mejor versión de nosotros mismos. Porque incluso aquello que parece una ruptura… puede ser el inicio de una elevación.

 

Metzorá

Metzorá no es solo una historia sobre enfermedad…
es una historia sobre regreso. Habla de quien fue apartado,de quien cargó con marcas visibles, pero sobre todo, de quien decide transformarse.

El proceso de sanación no es inmediato ni superficial. Involucra tiempo, reflexión y acciones simbólicas:
agua viva, elementos naturales, y la guía del Cohen. Cada paso representa algo más profundo: dejar atrás lo que dañó, y reconstruirse desde adentro.

Incluso las casas podían “enfermar”, recordándonos que no solo nosotros, sino también nuestro entorno refleja lo que somos. Metzorá nos enseña que nadie está perdido para siempre. Que incluso después del aislamiento, existe un camino de regreso.

Pero también deja una advertencia poderosa: las palabras tienen peso. El Lashon Hará puede separar, destruir y aislar, así como la sanación puede unir y restaurar.

¡Shabat Shalom!

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