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Arvit: 19:15

Shajarit: 9:00

Minja: 18:15

Jaime Levit

Parashá Bereshit 5787

“Del orden del caos y nuestra responsabilidad”

Bereshit nos presenta uno de los procesos más trascendentales de la existencia: la creación del mundo. En tan sólo seis días, Hashem transforma el caos inicial en un universo lleno de orden, límites, vida y propósito. En el primer día crea la luz y establece la separación entre la luz y la oscuridad. En el segundo día forma los cielos y establece una separación entre las aguas superiores y las inferiores. En el tercero aparecen la tierra firme, los mares, los árboles y la vegetación. En el cuarto día establece el sol, la luna y las estrellas, marcando los tiempos y las estaciones. En el quinto día surgen los peces y las aves y, finalmente, en el sexto día, aparece el ser humano.

Así, aquello que parecía estar en desorden comienza a adquirir estructura y sentido. Y cuando concluye la creación, Hashem santifica el séptimo día, el Shabat, enseñándonos que incluso dentro de la creación existe un momento destinado a detenerse, contemplar y reconocer el propósito de todo lo que se ha construido.

Pero Bereshit también nos muestra que crear no es suficiente: lo creado debe ser cuidado y preservado.

Adam y Javá habitan en el Gan Eden y reciben una responsabilidad: pueden disfrutar de todo lo que existe, pero tienen un límite. Sin embargo, la influencia de la serpiente los lleva a transgredir la instrucción recibida. A partir de ese momento, el orden comienza a fracturarse. Aparecen las consecuencias, el esfuerzo, el dolor y la separación del Gan Eden.

La historia continúa con sus hijos, Caín y Hevel, quienes presentan sus ofrendas a Hashem. Cuando la ofrenda de Hevel es aceptada y la de Caín no, los celos y la frustración se apoderan de él. Caín permite que sus emociones lo conduzcan hacia la violencia y termina asesinando a su hermano.

Y aquí encontramos una de las preguntas más profundas de Bereshit: ¿Dónde está nuestra responsabilidad frente a lo que hacemos?

Cuando Hashem pregunta a Caín dónde está su hermano, él responde: “¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?”. La pregunta se convierte en una enseñanza para todas las generaciones. Sí tenemos responsabilidad. Somos responsables de nuestras decisiones, de nuestras acciones y también de aquello que podemos construir o destruir a nuestro alrededor.

Más adelante, Adam y Javá tienen otro hijo, Shet, y de su descendencia surgirán hombres destacados, entre ellos Janoj y Metushelaj. Sin embargo, con el paso de las generaciones, gran parte de la humanidad se desvía hacia la inmoralidad y la violencia.

Bereshit nos presenta entonces una poderosa contradicción: el mundo fue creado para ser construido, pero el ser humano también posee la capacidad de destruirlo. Desde el principio encontramos dos caminos: el de la creación y el de la destrucción; el de construir y el de dejarse dominar por el Yetzer Hará. La verdadera responsabilidad del ser humano consiste en elegir constantemente qué camino quiere seguir.

Bereshit no es solamente una narración sobre cómo comenzó el mundo. Es también una reflexión sobre cómo debemos continuar construyéndolo. Cada día tenemos la posibilidad de transformar el desorden en orden, una dificultad en una oportunidad y una pequeña chispa en un proyecto capaz de crecer.

La creación comenzó con una luz. Una pequeña luz fue suficiente para comenzar a transformar el caos.

De la misma manera, nuestras acciones pueden comenzar con algo aparentemente pequeño: una buena decisión, una palabra de aliento, un proyecto, un acto de bondad, un estudio de Torá o simplemente la voluntad de mejorar.

La creación no terminó en el sexto día. De alguna manera, continúa con nosotros. Cada generación recibe un mundo que no creó y tiene la responsabilidad de entregarlo a la siguiente generación un poco mejor de cómo lo recibió.

Ese es uno de los grandes mensajes de Bereshit: Hashem creó el orden; nuestra responsabilidad es conservarlo, desarrollarlo y seguir creando.

Porque frente al caos siempre existe la posibilidad de construir.

Y muchas veces, las grandes transformaciones de la vida comienzan con una pequeña chispa.

¡Shabat Shalom!

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