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Jerusalén: la ciudad donde memoria, dolor y esperanza vuelven a encontrarse

Entre antorchas, banderas y plegarias, Israel conmemoró este año el 59 aniversario de la reunificación de Jerusalén, una fecha que trasciende lo político para convertirse en una de las expresiones más profundas de identidad nacional, memoria histórica y continuidad del pueblo judío.

La ceremonia oficial se realizó en Ammunition Hill, el emblemático escenario de una de las batallas más decisivas de la Six-Day War, donde soldados israelíes combatieron ferozmente para abrir el camino hacia la Ciudad Vieja de Jerusalén en junio de 1967.

En un país aún marcado por la guerra, el duelo y las tensiones regionales, los discursos pronunciados por el presidente Isaac Herzog y el primer ministro Benjamin Netanyahu reflejaron dos dimensiones complementarias del alma israelí: la Jerusalén espiritual y humana, y la Jerusalén histórica, heroica y eterna.

Herzog eligió un tono profundamente humano y reflexivo. Más allá de las consignas nacionales, habló de Jerusalén como una ciudad viva, cotidiana, donde la historia convive con la infancia, el dolor con la esperanza y la memoria con la construcción del futuro.

“Jerusalén no es solamente un símbolo. Quien la ve únicamente como un símbolo, se pierde Jerusalén”, expresó el mandatario.

El presidente describió una ciudad donde “a la sombra de las piedras antiguas juegan los niños”, y afirmó que el verdadero desafío de Israel no consiste únicamente en preservar Jerusalén con fuerza militar, sino también con valores morales, responsabilidad y respeto hacia los demás.

“Así como la hemos protegido con fuerza, debemos protegerla también con espíritu, moralidad, responsabilidad, amor al prójimo y respeto por la fe del otro”, declaró Herzog.

Sus palabras resonaron particularmente en un momento en que Jerusalén sigue siendo uno de los puntos más sensibles del conflicto regional y símbolo de tensiones religiosas, políticas y culturales.

Herzog insistió en que una Jerusalén unificada no debe ser solamente “un hecho político”, sino “una misión nacional” basada en convivencia, dignidad y responsabilidad compartida.

Mientras el presidente habló desde la sensibilidad y la cohesión social, Netanyahu construyó un discurso atravesado por la memoria histórica, la guerra y la resistencia nacional.

Frente a familiares de caídos de la Guerra de los Seis Días, el primer ministro evocó el heroísmo de los paracaidistas israelíes que ingresaron a la Ciudad Vieja por la Puerta de los Leones y recordó la histórica frase pronunciada por Motta Gur en 1967: “El Monte del Templo está en nuestras manos”.

“Jerusalén permanecerá unida para siempre bajo soberanía israelí”, afirmó Netanyahu ante miles de asistentes.

El mandatario vinculó directamente la batalla de 1967 con los conflictos actuales que enfrenta Israel, particularmente la confrontación con Irán y los grupos armados aliados de Teherán en Gaza, Líbano y otras regiones.

Netanyahu aseguró que Israel atraviesa uno de los momentos más decisivos de su historia contemporánea y sostuvo que las recientes operaciones militares israelíes evitaron que Irán alcanzara capacidad nuclear.

En uno de los momentos más emotivos de la ceremonia, recordó al combatiente Yosef “Sefi” Segal, veterano de la liberación de Jerusalén, cuyo nieto murió recientemente combatiendo en el actual conflicto.

“La antorcha de defender la patria pasó de generación en generación”, expresó el primer ministro.

Netanyahu insistió en que los enemigos de Israel no buscan únicamente derrotar militarmente al país, sino también “arrancar al pueblo judío de Jerusalén”.

“No permitiremos que eso ocurra. Y no ocurrirá”, afirmó.

El discurso también tuvo un fuerte componente histórico y espiritual. Netanyahu evocó el nuevo “Camino de los Peregrinos”, restaurado recientemente en Jerusalén, donde hace dos mil años caminaban miles de judíos rumbo al Segundo Templo.

“Allí, las piedras gritan la verdad”, recordó citando al embajador estadounidense Mike Huckabee, quien aseguró que el pueblo judío “no pertenece aquí solamente ahora, sino desde hace cuatro mil años”.

La ceremonia cerró con referencias al cantante israelí Yehoram Gaon y al histórico versículo del Salmo: “Si me olvidare de ti, Jerusalén, que mi diestra pierda su destreza”, símbolo eterno de la conexión judía con la ciudad.

A 59 años de la reunificación de Jerusalén, Israel sigue viendo en la ciudad no solo un centro político o religioso, sino el corazón emocional de su existencia nacional.

En una nación atravesada por guerras, pérdidas y desafíos permanentes, Jerusalén continúa representando algo más profundo: la idea de permanencia. La convicción de que, pese a la historia, el exilio y las amenazas, hay lugares que un pueblo nunca abandona realmente en su memoria.

Y quizá por eso, cada Día de Jerusalén en Israel no es solamente una celebración histórica. Es también una reafirmación colectiva de pertenencia, supervivencia y continuidad.

 

Kehila Ashkenazi, A.C. Todos los derechos reservados.
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