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La música clásica en Islandia, creada por tres judíos refugiados

En la Islandia de mediados de la década de 1930, la música clásica todavía estaba lejos de ocupar el lugar que tendría años después. Reikiavik era una ciudad pequeña y aislada, mientras que buena parte del país vivía de la pesca. No existían las grandes instituciones musicales que hoy parecen indispensables para la vida cultural de la nación. En ese escenario, tres músicos procedentes de Alemania y Austria llegaron como refugiados y terminaron desempeñando un papel decisivo en la formación de la escena musical islandesa.

Robert Abraham, Heinz Edelstein y Victor Urbancic arribaron al país en distintos momentos y por caminos muy diferentes, pero con el conocimiento que eran tres refugiados judíos. Los tres tenían una sólida preparación profesional, pero también compartían una circunstancia que condicionaría sus vidas: el avance del nazismo en Europa los había obligado a abandonar sus hogares.

Abraham, nacido en Berlín en 1912 y formado musicalmente en Alemania, llegó a Islandia en 1935. Era muy joven y comenzó su nueva vida en Akureyri, en el norte del país. Urbancic, nacido en Viena en 1903, se estableció en Islandia en 1938 junto con su esposa Melitta, de origen judío. Edelstein, violonchelista y profesor procedente de Friburgo, también encontró allí una oportunidad para reconstruir su vida junto con su familia.

Una historia de éxito en un lugar lejano

Su llegada resulta especialmente significativa porque Islandia mantenía entonces una política migratoria muy restrictiva. No era un destino habitual para quienes escapaban de la persecución nazi y, de hecho, otros músicos y especialistas que intentaron establecerse allí fueron rechazados. Entre ellos estuvo el compositor Viktor Ullmann, quien posteriormente murió en Auschwitz.

La paradoja es que un país que apenas contaba con infraestructura para la música académica terminó convirtiéndose en el lugar donde estos tres profesionales pudieron rehacer sus carreras. Islandia se encontraba además en una etapa crucial de su historia: avanzaba hacia la plena independencia de Dinamarca y buscaba desarrollar instituciones propias que reforzaran su identidad nacional. Una orquesta, escuelas de música y una vida cultural más sólida formaban parte de ese proceso.

Carreras de éxito, pero con un historia de diferentes orígenes

La historia de estos tres hombres no es únicamente la de carreras exitosas. También permite observar una de las consecuencias menos conocidas del exilio provocado por el nazismo: la transformación cultural que ocurrió en los lugares donde los refugiados consiguieron establecerse. En el caso islandés, la aportación fue particularmente profunda porque llegaron cuando prácticamente todo estaba por construir.

El musicólogo islandés Árni Heimir Ingólfsson reconstruyó sus vidas en el libro Music at World's End: Three Exiled Musicians from Nazi Germany and Austria and Their Contribution to Music in Iceland, publicado en inglés por SUNY Press en 2025. La obra surgió después de años de investigación en archivos y de conversaciones con familiares de los músicos. La edición islandesa había aparecido en 2024 y fue nominada al Premio Islandés del Libro en la categoría de no ficción.

Ingólfsson explicó que investigar sus trayectorias implicó seguir documentos dispersos y reconstruir vínculos familiares que permitieron encontrar cartas y otros materiales personales. En algunos casos, las fuentes sobrevivieron gracias a personas que conservaron durante décadas documentos relacionados con quienes habían partido de Europa.

 

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