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Los Hábitos, ¿Qué son y cómo se forman?

¿QUÉ SON LOS HÁBITOS?

Un hábito es el resultado de una acción que repetimos frecuentemente de forma automática. Si nos fijamos, en nuestro día a día repetimos muchos hábitos, como quitarnos los zapatos al entrar a casa, apagar las luces antes de salir, cepillarnos los dientes, entre muchos otros.

Son todas esas acciones que realizamos de forma mecánica, porque ya las hemos repetido un número de veces suficiente para que queden grabadas en nuestra rutina, y por tanto no requieren que les prestemos atención o esfuerzo para llevarlas a cabo.

Según investigadores de la Universidad de Duke, “los hábitos representan aproximadamente el 40% de nuestros comportamientos en un día determinado”. Es decir, casi la mitad de lo que hacemos a lo largo del día, lo repetimos de forma automática porque siempre lo hemos hecho así.

Por el contrario, cuando realizamos una actividad que es nueva para nosotros, necesitamos mucha motivación y esfuerzo para realizarla. La ventaja de un hábito es que se automatiza, de tal forma que sin pensar se ejecuta. La desventaja es que algunos de esos hábitos incorporados en nuestro estilo de vida, probablemente no sean saludables y estaremos repitiendo una y otra vez a pesar de que perjudiquen nuestro bienestar. “Un hábito poco saludable trae consecuencias negativas a tu salud física, mental, emocional y/o social.”

¿CÓMO SE FORMAN LOS HÁBITOS?

Los hábitos se caracterizan por estar muy arraigados y porque pueden ejecutarse de forma automática. Cuesta mucho cambiar los hábitos. La clave de la adquisición de hábitos está en que la persona se habitúa a realizar las actividades esperadas. De esta manera la acción se incorpora a la rutina diaria y se ejecuta sin tener que involucrar la conciencia.

Aristóteles dijo hace 25 siglos que somos seres de hábitos, pero el hábito puede ser modificado. Para lograr transformarlo o extinguirlo, se requiere que la persona no solamente tenga conciencia de la necesidad de modificarlo, sino que de manera repetitiva ejecute la conducta alternativa para modificarlo o eliminarlo. Para cambiar un hábito se necesita intención de querer hacerlo, puede ser por deseo o por obligación, como comenzar una nueva dieta por motivos de salud.

Lógicamente, si es por deseo será más fácil, aunque no está exento de dificultades. Los hábitos antiguos no se olvidan, si se quiere cambiar algo hay que pensar que nuevas rutinas se tienen que comenzar a hacer.

En otras palabras, un hábito aprendido nunca se borra del todo y, en especial, si nos ha dado placer o ha dado contenido al tiempo.

Existe una creencia popular de que se necesitan alrededor de 21 días para formar un nuevo hábito, en el 2009, Phillippa Lally, una investigadora de psicología de la salud en la Universidad College de Londres, publicó un estudio en el European Journal of Social Psychology en el que se calcula una media de más de 2 meses antes de que un nuevo comportamiento se convierta en automático, 66 días para ser exactos. Y, además, puede variar ampliamente dependiendo del comportamiento, la persona y de las circunstancias. Con toda esta información, podemos decir que los hábitos se forman por la repetición constante sobre el tiempo. Si una acción es persistente en nuestra rutina, es muy probable que termine por grabarse en el “disco duro” de nuestro cerebro en forma de hábito. Esta repetición hace que poco a poco el esfuerzo por realizar esa acción disminuya considerablemente, e incluso logremos ejecutarla sin pensarlo.

Cuando se trata de cambiar el comportamiento, o de introducir algo nuevo, debemos tener en cuenta los siguientes aspectos:

  • El valor de los pequeños pasos: estos primeros pasos podemos verlos como el sembrado de un fruto que recogeremos en un futuro.
  • La necesidad de practicar, practicar y practicar: puede que desde el sembrado hasta la recolecta sea un proceso largo y complicado, pero no tenemos que desesperar. Una de las herramientas más importantes para conseguir introducir nuevos hábitos en nuestra vida es la Constancia, es decir, mantener una actitud de ánimo respecto a un propósito nos ayudará a mantenernos firmes en la consecución de nuestros objetivos.
  • La importancia de la experimentación con nuevas técnicas: probablemente sea la primera vez que nos enfrentamos solos a algo que desconocemos, y por ello hay que darle valor a cada paso que damos, porque todo es nuevo y estamos aprendiendo a lo largo del camino.

¿QUÉ INFLUYE EN UN CAMBIO DE CONDUCTA?

Existen dos herramientas:

1. LA MOTIVACIÓN: Estar motivado significa ser movido a hacer algo, es un estado de deseo de cambiar que puede variar de un momento a otro o de una

situación a otra influenciada por diferentes factores. La motivación es clave para el cambio.

Existen dos tipos de motivación:

  • Motivación extrínseca: está provocada desde fuera de la persona, depende del exterior, de alguien que genere esa motivación.
  • Motivación intrínseca: aquella que activa a la persona por sí mismo, no depende del exterior.

2. FUERZA DE VOLUNTAD: Es una facultad psíquica que tenemos las personas para elegir entre hacer o no algo concreto, depende directamente del deseo y la intención de realizar un acto en concreto. La fuerza de voluntad es temporal, es para carreras de corta distancia, no para maratones. Se usa la fuerza de voluntad para establecer un plan para conseguir aquello que se quiere.

Existen otras herramientas que también influyen en los cambios de conducta:

1. AMBIVALENCIA: Es un conflicto emocional que se produce cuando estamos simultáneamente atraíd@s y repelid@s por la misma meta o deseo, conviviendo dos emociones o sentimientos opuestos.

2. AMOTIVACIÓN: Es cuando la conducta carece de intención y causa, este concepto ha sido en gran parte responsable en la comprensión del por qué determinadas personas fallan en hacer algunos cambios constructivos en sus conductas

NOS RESISTIMOS A CAMBIAR… ¿NO ES OBVIO?

Nuestra zona de confort abarca todo aquello que conocemos, esos ambientes de los que nos sentimos parte y en donde estamos totalmente a gusto. Nos sentimos bien dentro de ella porque nos da abrigo, nos arropa y nos hace sentir seguros.

¿Cómo vamos a querer salir de ahí? Pero eso mismo que nos protege también puede causarnos daño. Acomodarse significa estancarse, no buscar nuevos estímulos ni nuevos retos.

La resistencia al cambio es natural y comprensible dentro del proceso de cambio, considerándose una barrera.

Existen técnicas para vencerla:

MECANISMOS DE DEFENSA: Son procesos psicológicos utilizados como medios para enfrentarnos a realidades que nos perjudican, o a cambios ante los que nos resistimos. Sin embargo, pueden limitar e impedir la capacidad de mejora de la persona cuando se utilizan para justificar conductas que crean más problemas, por ejemplo de salud. Los mecanismos de defensa se dividen en:

  • Negación: negar el comportamiento, argumentando que no se ha realizado o que otro lo ha inventado.
  • Minimización: disminuir las consecuencias o la gravedad/intensidad del propio comportamiento.
  • Justificación y atribución a factores externos/internos: justifica el comportamiento como reacción a la conducta de otra persona, causado por el estrés o por “formas de ser o comportarse personales”.

CONSEJOS PARA INTRODUCIR O CAMBIAR HÁBITOS:

  • Objetivos concretos, nunca abstractos.
  • Dividir en fases pequeñas.
  • Calendarizar
  • Recompensar el trabajo bien hecho
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