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La Comunidad Judía de México despide a una de sus figuras intelectuales más luminosas: Margit Frenk Freund, quien falleció el 21 de noviembre de 2025, a los cien años. Su nombre resuena en universidades, bibliotecas y academias del mundo; pero también, y quizá sobre todo, en la historia viva de las diásporas judías que encontraron en México un hogar donde reconstruir su destino y aportar talento, pensamiento y creación.
Margit nació en Hamburgo en 1925, en el seno de una familia judía alemana que, como muchas otras, vio oscurecerse el horizonte con el ascenso nazi. México se convirtió en refugio y renacimiento. Tenía apenas cinco años cuando llegó a este país, y desde entonces su vida fue un puente: entre lenguas, entre culturas, entre memorias. Encarnó de manera ejemplar la riqueza de la identidad judío-mexicana: arraigo, estudio, tradición, resiliencia y una profunda vocación humanista.
Su obra académica es monumental. Frenk dedicó su vida a estudiar la lírica popular hispánica, esos cantos, coplas y romances anónimos que el pueblo transmitió durante siglos. Paradójicamente —y maravillosamente— una mujer nacida en Europa Central, formada en la tradición judía y acogida por México, terminó convirtiéndose en la gran protectora de la voz hispánica más antigua y más humilde. Su Cancionero folklórico de México y el Nuevo corpus de la antigua lírica popular hispánica son faros para investigadores de todo el mundo.
Pero su aportación va más allá de la filología. Para quienes comprendemos el valor de la memoria, su trabajo tiene un eco especialmente profundo. Frenk entendía que la cultura se fortalece cuando se preservan las voces del pasado; que lo que una generación canta, la siguiente recuerda; que la identidad —como la judía— se transmite tanto en la letra escrita como en la oralidad que une familias, comunidades y pueblos.
En la UNAM, El Colegio de México y la Academia Mexicana de la Lengua, Margit Frenk formó generaciones de estudiantes, sostuvo diálogos esenciales con la intelectualidad del país e hizo visible la riqueza multicultural que México acoge desde hace décadas. Su presencia en la vida académica nacional fue también testimonio del aporte judío a la vida intelectual del país: serio, generoso, universal.
En septiembre de 2025, la UNAM celebró su centenario en un homenaje que conmovió al mundo académico y a las comunidades que la admiraban. Hoy, al despedirla, reconocemos que su vida no fue sólo una trayectoria erudita, sino una expresión profunda del ideal judío de tikkun olam: reparar el mundo preservando su memoria, sus voces y su belleza.
Margit Frenk vivió cien años y dejó un legado que seguirá vivo mientras haya alguien que escuche una canción antigua, recite una copla heredada o estudie la manera en que las palabras viajan entre pueblos. Su vida fue un regalo para México y para la diáspora judía. Y su obra, un recordatorio de que las raíces múltiples pueden florecer con una fuerza extraordinaria.