Arvit: 19:15
Shajarit: 9:00
Minja: 18:15
En estos días de Janucá, la luz de cada vela que encendemos nos recuerda que no somos individuos aislados, sino parte de una historia que nos trasciende. Nuestra identidad judía se ha tejido a lo largo de generaciones que, a pesar de pruebas inmensas, supieron mantenerse firmes en su fe y en sus valores.
La identidad no se sostiene sola. Encuentra su fuerza en la pertenencia: al pueblo, a la comunidad, a una trama de vínculos que nos da raíz y sentido. Como dice el silogismo que hoy nos convoca en este ejemplar: si ser judío es tener identidad, y ésta florece en comunidad, entonces nuestra pertenencia asegura la continuidad de ese legado.
Janucá nos enseña precisamente eso. Un pequeño grupo, con identidad firme y pertenencia sólida, fue capaz de encender la esperanza frente a la oscuridad. Esa llama, que parecía frágil y destinada a extinguirse, se transformó en símbolo eterno de resistencia y de fe. Ese momento histórico, narrado en los Libros de los Macabeos, nos recuerda que incluso en los tiempos más oscuros, la esperanza parecía derrumbarse, la fuerza de la identidad judía prevaleció.
Hoy, más de dos mil años después, seguimos encendiendo esas mismas luces en nuestros hogares. Y al hacerlo, repetimos lo que nos define porque la identidad es aquello que nos une al pasado y nos da propósito en el presente. La pertenencia es la red de vínculos que convierte esa identidad en una experiencia viva, compartida, comunitaria. Y Janucá es el puente que une ambas: el recordatorio de que nuestra luz individual se engrandece cuando se enciende junto a la de otros.
Hoy nuestra misión es la misma: reafirmar nuestra identidad judía con orgullo, fortalecer nuestra pertenencia con responsabilidad y amor, y dejar que la luz de Janucá nos recuerde que siempre es posible iluminar la oscuridad.
En cada vela que iluminamos, enseñamos a nuestros hijos que ser judíos significa portar un legado de dignidad, valentía y esperanza. En cada canción entonada alrededor de la janukia, reafirmamos que nuestra pertenencia no es abstracta: se vive en comunidad, en solidaridad, en el cuidado mutuo.
Este es el mensaje que nuestra Comunidad desea transmitir en estas fechas: que nuestra identidad se fortalece cuando la compartimos, y que la pertenencia nos recuerda que nunca caminamos solos, existe detrás una enorme estructura institucional que tiene como principal objetivo ser un continente; un sostén y cobijo para todos nuestros miembros.
A cada familia de nuestra Kehilá Ashkenazí y a todo Am Isael, les deseo que estas velas los inspiren a renovar su compromiso con nuestra historia, con nuestra gente y con la continuidad de un judaísmo vivo, pleno y luminoso.
Dra. Raquel Feldman
Presidenta de la Comunidad Ashkenazí de México