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Parashá Shoftim 5786

El arte de dirigir la propia vida”

Conforme avanzamos por la vida, esta se vuelve cada vez más compleja. En la infancia muchas decisiones las toman nuestros padres o quienes nos cuidan, y gran parte de nuestras responsabilidades son limitadas. Sin embargo, al crecer aparecen nuevos retos que exigen madurez, responsabilidad y criterio para tomar buenas decisiones.

Lo mismo sucede con una sociedad. Para que una comunidad pueda vivir en armonía no basta con la buena voluntad de las personas; es necesario establecer reglas, límites y principios que orienten la convivencia y promuevan la justicia. Estas normas no existen para restringir la libertad, sino para protegerla y permitir que todos podamos desarrollarnos en un ambiente de respeto y seguridad.

Por eso la Torá, en la Parashá Shoftim, ordena nombrar jueces, oficiales y líderes. Ellos tienen la responsabilidad de impartir justicia con imparcialidad; los oficiales o policías de hacer cumplir la ley y preservar el orden; y los gobernantes de conducir al pueblo con sabiduría, entendiendo las necesidades de la nación y buscando siempre el bienestar de todos.

Shoftim ordena que en cada ciudad se nombren jueces y funcionarios encargados de preservar la justicia y el orden. Cuando un caso era demasiado complejo para un juez local, este debía acudir a una instancia superior: los cohanim y la Suprema corte establecida junto al Santuario, recordando que la verdadera justicia debía estar guiada por la sabiduría y la voluntad de Hashem, y no por intereses personales.

La Torá también establece una postura firme frente a la idolatría, considerada una traición a los principios fundamentales del Pueblo Judío y, por ello, castigada con la máxima severidad.

Este modelo de justicia también puede trasladarse a nuestra vida. Cada día somos el juez de nuestras propias decisiones, pero habrá momentos en los que no tendremos todas las respuestas. En esos casos, el verdadero arte de dirigir la propia vida consiste en reconocer nuestros límites, buscar consejo en quienes poseen mayor sabiduría y permitir que nuestros valores sean la máxima autoridad que guíe nuestro camino.

También establece las cualidades que debía tener un rey. Su liderazgo no podía basarse en el poder, el orgullo o la riqueza, sino en la humildad, la honestidad y el compromiso con la voluntad de Hashem. Un verdadero gobernante debe recordar que esta al servicio del pueblo y no por encima de él.

En materia de justicia, la Torá ofrece principios claros para garantizar juicios imparciales: los jueces debían investigar cuidadosamente cada caso, escuchar testigos íntegros y buscar la verdad antes de emitir un veredicto. La justicia no podía construirse sobre rumores o intereses personales, sino sobre hechos y rectitud.

Shoftim también ordena el establecimiento de las ciudades de refugio, lugares destinados a proteger a quien hubiera causado la muerte de otra persona de manera involuntaria. Su propósito era evitar la venganza y permitir que la justicia actuara con serenidad y objetividad.

Asimismo, la Torá establece normas sobre cuándo y cómo emprender una guerra, regula la distribución de las ciudades para los levitas y presenta diversas enseñanzas que abarcan tanto la vida cotidiana como la espiritual.

En conjunto, Shoftim nos recuerda que una sociedad solo puede prosperar cuando quienes la dirigen actúan con integridad, cuando la justicia busca la verdad y cuando cada persona aprende el arte de gobernar primero su propia vida.

¡Shabat shalom!

 

Kehila Ashkenazi, A.C. Todos los derechos reservados.
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