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Más de un centenar de invitados se reunieron esta semana en Gracie Mansion, residencia oficial del alcalde de Nueva York, para participar en una celebración previa a Shavuot organizada por el alcalde Zohran Mamdani. Sin embargo, lo que buscaba ser una recepción festiva por el Mes de la Herencia Judía Estadounidense terminó evidenciando las profundas divisiones políticas e ideológicas que atraviesan actualmente a la comunidad judía neoyorquina.
Entre bandejas de blintzes y cheesecake —platillos tradicionales de Shavuot— convivieron activistas progresistas, representantes comunitarios y funcionarios municipales en un evento copatrocinado por organizaciones como Jews for Racial and Economic Justice, Bend the Arc, Jewish Voice for Peace y el Williamsburg JCC.
La presencia de estos grupos, muchos de ellos identificados con posturas progresistas y críticas hacia las políticas israelíes, contrastó con la ausencia notable de importantes organizaciones judías tradicionales de Nueva York, varias de las cuales decidieron boicotear el evento debido a recientes declaraciones y acciones políticas del alcalde relacionadas con Israel y la causa palestina.
El detonante más reciente fue la publicación, días antes del evento, de un video difundido por Mamdani con motivo del llamado “Nakba Day”, fecha en que sectores palestinos conmemoran el desplazamiento de cientos de miles de palestinos durante la creación del Estado de Israel en 1948. La publicación generó fuertes críticas dentro de amplios sectores de la comunidad judía organizada de Nueva York, particularmente entre instituciones sionistas y organizaciones proisraelíes.
Pese a ello, el alcalde continuó adelante con la recepción, que terminó convirtiéndose en una demostración pública de la alianza política que su administración ha cultivado con sectores judíos progresistas y movimientos vinculados a causas de justicia social, inmigración y derechos civiles.
La tensión ya había quedado expuesta meses antes, durante el primer desayuno interreligioso organizado por Mamdani como alcalde, cuando instituciones históricas como UJA-Federation of New York optaron por no participar oficialmente, rompiendo una tradición de años.
Uno de los momentos más comentados de la noche ocurrió durante la invocación pronunciada por el rabino Irwin Kula, presidente emérito de la organización judía CLAL – The National Jewish Center for Learning and Leadership. En su bendición al alcalde, Kula habló sobre “la inseparabilidad entre la identidad judía y la dignidad palestina”, frase que fue recibida con murmullos de aprobación entre muchos asistentes.
Por su parte, la responsable de combatir el antisemitismo en la administración municipal, Phylisa Wisdom, afirmó que la seguridad de los judíos neoyorquinos “está profundamente ligada a la seguridad y bienestar de otros grupos”, asegurando que la ciudad combatirá el antisemitismo “en solidaridad con otras comunidades”.
Durante su intervención, Mamdani condenó el incremento del antisemitismo en Nueva York y reconoció las contribuciones históricas de la comunidad judía a la ciudad y al movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos.
“Los judíos de Nueva York han ayudado a construir una ciudad segura y abierta para todos”, expresó el alcalde. “Deben recibir la misma seguridad y tranquilidad que cualquier otro ciudadano.”
El evento también rindió homenaje a Ruth Messinger, histórica figura política demócrata y aliada del alcalde, quien relacionó durante su discurso la festividad de Shavuot con la necesidad de acompañar y apoyar a los inmigrantes que llegan a Nueva York.
Sin embargo, incluso entre algunos asistentes existía incomodidad respecto a las posiciones del alcalde sobre Israel.
Yaacov Behrman, cercano al movimiento Jabad-Lubavitch y crítico del video de Nakba Day difundido por Mamdani, explicó que decidió asistir porque considera importante “mantenerse involucrado” aunque exista desacuerdo político.
“No voté por él, pero es el alcalde”, declaró.
Una postura similar expresó el comediante judío Eitan Levine, quien sostuvo que aislarse de la administración municipal sería “un error”.
La noche terminó reflejando una realidad cada vez más visible en la comunidad judía estadounidense: una creciente fragmentación interna sobre Israel, el sionismo, la relación con los movimientos progresistas y la manera de enfrentar simultáneamente el antisemitismo y las tensiones derivadas del conflicto israelí-palestino.
En un contexto internacional marcado por el aumento del antisemitismo y la polarización política tras la guerra en Gaza, el encuentro en Gracie Mansion dejó claro que las discusiones sobre identidad judía, seguridad, justicia social y relación con Israel ya no se desarrollan únicamente fuera de la comunidad, sino también dentro de ella misma.