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Sucot 5786: Una fiesta de paz para el mundo

Sucot es, desde los días bíblicos, una de las celebraciones más universales del calendario judío. Durante siete días, recordamos la fragilidad de las cabañas en las que nuestros antepasados habitaron en el desierto y, al mismo tiempo, reconocemos la protección divina que los envolvió. Vivir bajo una Sucá, con su techo de ramas que deja entrever el cielo, nos enseña que la seguridad verdadera no se encuentra en muros de piedra, sino en la confianza en D-os y en la capacidad humana de construir sociedades más justas y solidarias.

Este año, Sucot cobra un sentido especial. En un mundo atravesado por tensiones, conflictos armados, migraciones forzadas y un ambiente de incertidumbre global, la fiesta nos recuerda que el anhelo de paz es el anhelo más profundo del pueblo judío y de toda la humanidad.

La sucá es frágil, abierta a todos los vientos, pero también hospitalaria. En ella recibimos a la familia, a los amigos, a los invitados de honor y, simbólicamente, a cada ser humano. El mandamiento de habitar la Sucá es una invitación a abrir las puertas del corazón, a reconocer nuestra vulnerabilidad compartida y a acercarnos unos a otros con humildad.

El lulav, el etrog, el hadás y la aravá representan a distintos tipos de personas, de sensibilidades y de maneras de vincularse con lo espiritual. Solo juntos cumplen su misión. Así, Sucot proclama que la verdadera fuerza del pueblo y de la humanidad se encuentra en la unidad dentro de la diversidad.

La tradición rabínica enseña que en el Templo de Jerusalén, en Sucot, se ofrecían sacrificios en nombre de las naciones del mundo. Es decir, desde sus orígenes, esta fiesta no fue exclusiva, sino un acto de intercesión por la paz y el bienestar de todos los pueblos.

Hoy, en tiempos de polarización, Sucot se alza como un recordatorio de que nuestra misión no se agota en nuestra propia comunidad: el judaísmo tiene un mensaje universal que compartir. Un mensaje de esperanza, reconciliación y paz.

Este año, al entrar en la Sucá, cada judío puede elevar una plegaria no solo por la seguridad de Israel y de nuestro pueblo, sino también por el fin de los conflictos que hieren al planeta, por los refugiados que buscan techo, por los niños que merecen un futuro de tranquilidad.

 

Sucot nos enseña que la paz no se construye con poderío militar ni con riquezas materiales, sino con voluntad de diálogo, justicia y compasión. La Sucá, con su sencillez, nos desafía a creer que el mundo puede ser diferente si abrimos espacio a la esperanza.

Que Sucot 5786 sea, entonces, un llamado a levantar juntos una gran Sucá de paz, abierta a todos los pueblos y naciones, donde cada ser humano pueda sentirse protegido, reconocido y amado con la bendición de Hashem.

Kehila Ashkenazi, A.C. Todos los derechos reservados.
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