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La municipalidad inaugura la temporada de verano con una pantalla gigante y un escenario circular frente al mar, mientras Israel sigue en la competencia en Viena en medio de la mayor crisis de boycott en la historia del certamen.
El sábado 16 de mayo, la ciudad de Tel Aviv-Yafo le abrirá las puertas al Mediterráneo para vivir una noche que mezcla pop europeo, espuma de mar y política internacional. La municipalidad organiza una proyección gratuita de la Gran Final de Eurovisión 2026 en el escenario Tel Aviv 360, el nuevo espacio al aire libre inaugurado esta temporada en el Parque Charles Clore, sobre el frente costero de la ciudad. Entrada libre. Sin boleto. Solo hace falta querer estar ahí.
El evento, que arranca antes de la emisión desde Viena, reunirá a residentes, turistas y fanáticos del certamen en torno a cuatro pantallas gigantes orientadas en distintas direcciones, un diseño que permite que ningún espectador, sin importar desde dónde mire, pierda un segundo de la acción. Habrá camiones de comida, barras, DJs y una fiesta que, promete la organización, se extenderá hasta bien entrada la noche.
El plato fuerte de la velada será la actuación en vivo de Netta Barzilai, la cantante que en 2018 ganó Eurovision con Toy y que convirtió a Israel en sede del certamen en 2019. Aquella edición, celebrada en el mismo Tel Aviv, fue vista por 182 millones de personas en todo el mundo. Este sábado, Netta vuelve a la playa donde empezó todo. La acompañará en los sets el DJ Itay Galo.
La elección del escenario no es casual. Tel Aviv 360 es la gran apuesta de la municipalidad para el verano 2026: una plataforma circular y al aire libre, ubicada estratégicamente sobre la costa del Mediterráneo, diseñada para eventos masivos. Desde su apertura el 11 de mayo, el recinto ya tiene en agenda el Tel Aviv EAT Festival, celebraciones de Shavuot, los eventos de la Semana del Orgullo, la Noche Blanca, festivales de vino, encuentros comunitarios y la transmisión de partidas avanzadas del Mundial de Fútbol 2026. Operará hasta el 31 de julio.
La noche del sábado, sin embargo, tiene una carga emocional particular. Porque mientras Tel Aviv celebra a orillas del mar, a miles de kilómetros de allí, en Viena, Israel vive uno de sus momentos más tensos en la historia de Eurovision.
El representante israelí en la edición 70 del certamen es Noam Bettan, un joven de 28 años de Ra'anana, hijo de inmigrantes franceses, que se clasificó para el concurso tras ganar la final del programa televisivo HaKokhav HaBa(La próxima estrella) en enero de este año. Su canción, Michelle, está escrita en tres idiomas —hebreo, inglés y francés— y fue compuesta junto a Nadav Aharoni, Tzlil Klifi y Yuval Raphael, la representante israelí de 2025 y sobreviviente de la masacre del 7 de octubre.
El martes por la noche, en la primera semifinal celebrada en el Wiener Stadthalle de Viena, Bettan subió al escenario vestido de cuero negro, rodeado de cinco bailarinas, y ofreció lo que los miembros de la delegación calificaron como una actuación impecable. Pero antes de que terminara la primera nota, ya se escuchaban en el pabellón gritos de "stop the genocide" y silbidos. Varias personas fueron retiradas por seguridad. Una fue filmada tumbándose en el suelo y gritando "genocide" hasta que la policía la sacó del recinto.
“Escuché los abucheos al principio. Eran realmente muy fuertes. Pero me concentré en la actuación. Busqué con mis ojos las banderas israelíes en el público.” — Noam Bettan
A pesar de la tensión, Bettan clasificó. Su canción fue seleccionada entre las diez mejores de las quince que compitieron en la primera semifinal, juntamente con Grecia, Finlandia, Bélgica, Suecia, Moldavia, Serbia, Croacia, Lituania y Polonia. Tras conocer el resultado, Bettan salió al escenario envuelto en una bandera israelí y declaró ante las cámaras de la KAN: “Pueblo de Israel, les hablo a todos los judíos del mundo: muchas gracias. Gracias por todo el amor. Los abucheos fueron una nada; en un segundo fueron ahogados por algo mucho más fuerte, por la humanidad y por el amor. Y eso es lo que importa.”
En las apuestas deportivas, Bettan escaló al quinto lugar de los favoritos para ganar la Gran Final, por delante de Australia, que aún debe pasar por la segunda semifinal del jueves. Finlandia y Grecia lideran las quinielas.
El contexto que rodea a la 70ª edición del certamen es, sin embargo, el más convulso en su historia. Cinco países —Islandia, Irlanda, Países Bajos, Eslovenia y España— se retiraron del concurso en protesta por la participación de Israel, en lo que constituye el mayor boicot colectivo desde que Eurovision existe. España, en lugar de retransmitir la gala, emitió un especial musical. Irlanda optó por una serie de comedia clásica. Eslovenia transmitió un documental titulado
La Unión Europea de Radiodifusión (UER) había introducido reformas para este año en un intento de apaciguar las críticas: se restauró el voto de los jurados profesionales en las semifinales, se redujo el máximo de votos por persona de 20 a 10, y se anunció que se sancionarían las campañas de promoción “desproporcionadas”. La propia delegación israelí recibió una advertencia directa de la UER esta semana, por difundir publicidad en varios idiomas instando a los espectadores a votar por Bettan diez veces. KAN, la cadena pública israelí, retiró la campaña de las redes sociales.
La policía austríaca, por su parte, desplegó dos unidades de élite alrededor de la delegación israelí y prohibió las manifestaciones en las inmediaciones del pabellón, así como la entrada de pancartas o materiales que pudieran vulnerar el carácter “apolítico” del certamen.
Israel tiene una relación larga y compleja con Eurovision. Fue el primer país no europeo en participar, en 1973. Ha ganado en cuatro ocasiones. Organizó el concurso en 1979, 1999 y 2019, año en que Tel Aviv acogió un espectáculo que fue visto por casi 200 millones de personas en todo el planeta. La cantante que lo hizo posible.
Para la municipalidad de Tel Aviv-Yafo, la noche del 16 de mayo es también el arranque oficial de la temporada estival. El escenario Tel Aviv 360, que se presenta como el recinto al aire libre más grande e innovador de la ciudad, nació con la vocación de ser un espacio de encuentro ciudadano. La Gran Final de Eurovision, con toda su carga simbólica, no podía ser una mejor inauguración.
La entrada es gratuita. El mar está ahí. Y la noche del sábado, en las orillas del Mediterráneo, una ciudad entera mirará hacia Viena.