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En medio de la persecución y el encierro durante el Holocausto, Naftali Stern encontró una manera de conservar su vínculo con la fe y con la vida que había perdido. En 1944, mientras permanecía prisionero en el campo de trabajos forzados de Wolfsberg, en Alemania, escribió de memoria las oraciones correspondientes al Año Nuevo judío de 5705. No tenía papel ni materiales adecuados: utilizó pequeños fragmentos de sacos de cemento y un lápiz que consiguió en el campo.
Stern había nacido en Satu Mare, en el norte de Transilvania, entonces parte de Rumania. Fue deportado junto con su familia a Auschwitz, donde sufrió una de las tragedias más devastadoras del Holocausto. Lo separaron de su esposa y de sus cuatro hijos, quienes posteriormente fueron asesinados. Él sobrevivió y lo trasladaron a Wolfsberg para realizar trabajos forzados.

Antes de la guerra, su voz lo había llevado a desempeñarse como cantor en Satu Mare. Esa experiencia cobró un significado especial durante su cautiverio. Las autoridades alemanas permitieron que los prisioneros se reunieran para las plegarias de Año Nuevo y Stern estuvo al frente de aquellas ceremonias. Para quienes sobrevivieron al campo, aquel momento quedó grabado como un episodio extraordinario, pues durante unas horas pudieron recuperar una parte de sus tradiciones en circunstancias marcadas por la violencia y la privación.
Las hojas improvisadas adquirieron para Stern un valor incalculable. Las escondió entre sus pertenencias y logró conservarlas hasta su liberación en 1945. A partir de entonces continuó utilizándolas cada año durante las oraciones de Rosh Hashaná, manteniendo vivo un recuerdo que había nacido en uno de los periodos más oscuros de su existencia.
Después de la guerra, Stern reconstruyó su vida, formó una nueva familia y emigró a Israel. Cuatro décadas después de haber recuperado la libertad, advirtió que los frágiles documentos comenzaban a deteriorarse. Para evitar que desaparecieran, decidió entregarlos a Yad Vashem, donde fueron sometidos a un proceso de restauración y preservación.
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El manuscrito de Stern trascendió así su carácter religioso para convertirse también en un testimonio material de la resistencia espiritual de quienes padecieron el Holocausto. Las páginas, elaboradas con recursos mínimos y conservadas durante décadas, permiten conocer una historia en la que la memoria, la fe y la voluntad de sobrevivir permanecieron presentes incluso en un campo de trabajos forzados.
En el año 2000, Yad Vashem publicó un libro dedicado a estas páginas y a su historia. La obra incorpora además investigaciones sobre el campo de Wolfsberg, reflexiones acerca de la fe frente a la experiencia del Holocausto y una selección de expresiones artísticas relacionadas con la oración creadas por personas recluidas en los campos. De esta manera, las palabras que Stern escribió con un lápiz sobre restos de sacos de cemento quedaron preservadas como parte de la memoria histórica de una generación que intentó aferrarse a su identidad aun cuando todo a su alrededor buscaba arrebatársela.