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Yom Kipur: El dilema eterno del perdón en la historia judía

Samuel Kemper

Yom Kipur, el Día del Perdón, es la jornada más sagrada del calendario judío. Un día que no pertenece a una generación ni a un territorio, sino a la eternidad de un pueblo que, disperso por el mundo, detiene su paso para enfrentar un mandato tan sublime como desafiante: perdonar y ser perdonado.

Desde los días bíblicos, el Yom Kipur es una cita con lo más profundo de la conciencia humana. No se trata solo de un rito, sino de un ejercicio espiritual que coloca al individuo y a la colectividad frente a su fragilidad, sus errores y sus deudas morales. En la sinagoga, las palabras de la plegaria resuenan con una fuerza que trasciende al individuo: si hemos fallado, si hemos traicionado, o si hemos cerrado los ojos. Y, sin embargo, pedimos misericordia, apelamos a la compasión para que nos renueve en la vida.

Pero aquí surge una tensión que atraviesa la historia judía: ¿cómo perdonar cuando la memoria colectiva está marcada por persecuciones, expulsiones, pogromos, Holocausto y 7 de Octubre, que desafía la idea misma de reconciliación? Yom Kipur exige que la comunidad judía se eleve por encima del rencor.

El perdón en el judaísmo nunca ha sido ingenuo. No se trata de olvidar, ni de absolver sin justicia. El Talmud enseña que los pecados entre el hombre y Dios se perdonan en Yom Kipur, pero los pecados entre el hombre y su prójimo sólo se resuelven cuando hay reparación. Esta enseñanza resuena con particular fuerza en la historia judía: hemos aprendido a pedir justicia a los tribunales humanos y divinos, sabiendo que sin ella el perdón se convierte en vacío.

Y, sin embargo, el pueblo judío ha sobrevivido porque no ha dejado que el odio lo consuma. La paradoja es que el mandato del perdón convive con la memoria de las heridas. Tal vez la grandeza de Yom Kipur radica en esa tensión: nos recuerda que, aunque el perdón absoluto es imposible en la historia, la búsqueda del perdón personal y comunitario es necesaria para que la vida continúe.

Cada Yom Kipur, los judíos del mundo nos reunimos en el mismo silencio sagrado. En Jerusalén, en Nueva York, en México, en París, en Buenos Aires. Cerramos la puerta al ruido externo y escuchamos el eco de una pregunta eterna: ¿es posible perdonar y seguir adelante sin traicionar nuestra memoria? La respuesta no está en la certidumbre, sino en la búsqueda.

Y quizás ahí está la verdad profunda del Yom Kipur: no es un día para resolver el dilema, sino para recordarnos que el perdón, aun cuando es difícil, sigue siendo la única vía para que un pueblo herido por la historia pueda elegir la vida, la continuidad y la esperanza.

Jatimá Tová

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