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Unos 810.000 electores viven fuera del país, mientras que 6.5 millones residen en Israel. Las cifras, difundidas por la Oficina Central de Estadísticas de Israel (CBS), muestran diferencias entre ciudades, grupos de edad y comunidades, de cara a las próximas elecciones para la Knéset.
En total, alrededor de 7.3 millones de personas tienen derecho a votar. La gran mayoría vive en Israel, aunque cerca de 810.000 electores se encuentran en el extranjero, según los datos oficiales.
El número de votantes habilitados que residen en el país aumentó un 5.4% desde las elecciones de noviembre de 2022. El incremento equivale a unas 333.000 personas y refleja el crecimiento del padrón israelí desde los últimos comicios parlamentarios.
Estas cifras contabilizan a quienes cumplen los requisitos para sufragar, pero no permiten anticipar cuántos acudirán a las urnas. La participación efectiva dependerá de la decisión de cada elector y de factores que no quedan reflejados en el registro.
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De acuerdo con la CBS, los judíos representan el 77% de los votantes habilitados que viven en Israel. Dentro de ese grupo, el 10.5% pertenece a la comunidad ultraortodoxa.
Los ciudadanos árabes israelíes conforman el 18% del padrón residente, mientras que el 5% restante está clasificado en la categoría de “otros”. La distribución ofrece una radiografía de la composición del electorado, aunque no indica preferencias políticas ni anticipa el sentido del voto.
La edad también distingue a los votantes: el 15,1% tiene entre 18 y 24 años, mientras que las personas de 60 años o más representan el 26,3%. Estos grupos muestran que el padrón reúne generaciones con experiencias y necesidades diferentes.
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Las diferencias demográficas se reflejan en las principales ciudades del país. Jerusalén registra la proporción más baja de residentes con derecho a votar, con el 39.2%.
Le siguen Beit Shemesh, con el 47.1%, y Bnei Brak, con el 50.4%. En las tres ciudades hay comunidades ultraortodoxas numerosas y poblaciones relativamente jóvenes. Esos factores ayudan a explicar por qué una proporción menor de sus habitantes alcanza la edad necesaria para sufragar.
La comparación se refiere a la parte de la población habilitada para votar, no a cuántas personas participan finalmente en los comicios. Por eso, una proporción más baja de electores registrados no necesariamente se traduce en una menor asistencia a las urnas.

En el otro extremo, Bat Yam tiene la mayor proporción de residentes habilitados para votar, con el 79.5%. Le siguen Tel Aviv-Jaffa, con el 77.4%, y Ramat Gan, con el 77.2%.
El contraste entre estas ciudades y Jerusalén, Beit Shemesh y Bnei Brak muestra que el peso del electorado no depende solo del tamaño de la población. La estructura de edades y la composición de cada ciudad también influyen en la cantidad de habitantes que puede participar en las elecciones.
En conjunto, los datos de la Oficina Central de Estadísticas ofrecen una perspectiva del padrón antes de los comicios. Las cifras indican quiénes están habilitados para votar, pero el resultado dependerá de la participación y de las decisiones que tomen los electores en las urnas.
